
El que a estas alturas de la historia pueda preocuparnos la posibilidad de una III guerra mundial es el reconocimiento de un terrible fracaso de la inteligencia. Los colapsos éticos siempre nos llevan a la atrocidad.
El que a estas alturas de la historia pueda preocuparnos la posibilidad de una III guerra mundial es el reconocimiento de un terrible fracaso de la inteligencia. Los colapsos éticos siempre nos llevan a la atrocidad.
El tema de Dios sigue interesando mucho, contra todo lo previsible, puesto que en 1882 Nietzsche había comunicado la muerte de Dios, y el 15 de mayo de 1932 Stalin había decretado un “plan quinquenal de ateísmo”, con el eslogan: “No habrá Dios en 1937”. Ninguna de las previsiones se cumplió y la idea de Dios sigue presente en nuestros días.
Al hablar de temas éticos me siento con frecuencia como si fuera el más tonto del pueblo, porque me cuesta mucho ver con claridad asuntos sobre los que todo el mundo habla con una certeza envidiable. En el caso de las relaciones entre empresas y ética, la pregunta más elemental es: es evidente que las empresas tienen obligaciones legales, pero ¿tienen además obligaciones morales?
Hablar de religión supone volver a escuchar tambores de guerra. ¿Debemos incluir la religión dentro de nuestro sistema educativo? Desde el Panóptico veo dos cosas con claridad


