He participado en Granada en unas Jornadas sobre educación organizadas por la Asociación Pedagógica Francesco Tonucci (APFRATO), dirigida por Mar Romera. Intervino Pepa Horno, que ha trabajado en temas de violencia infantil en todo el mundo. En su conferencia hizo una interesante clasificación de los países atendiendo a tres aspectos relacionados: individuo-comunidad-sistema. En los países nórdicos europeos los elementos importantes son el individuo y el sistema estatal. En oriente funciona la comunidad y el sistema, con mayor o menos eficacia. En África, la comunidad, y en algunos casos en ausencia del Estado. En Iberoamérica, el individuo, la comunidad y el Estado de forma muy desigual. Después de recorrer el mundo, Pepa Horno considera que los países mediterráneos son los que han conjugado mejor los tres factores.
El esquema me parece válido en general. En las culturas orientales y africanas el individuo desaparece a favor de la comunidad, fundamentalmente de la familiar y tribal. Ya en la Conferencia de Viena de 1993 sobre Derechos Humanos, el bloque oriental, africano y musulmán criticaron la Declaración de 1948 por considerarla individualista. Los antropólogos nos dicen que la “comunidad”, una red de convivencia establecida sobre lazos afectivos y de proximidad fue la situación originaria del sapiens. El paso a la sociedad, y su articulación en Estados vino después. Y el interés por el individuo, la autonomía personal y la independencia respecto del grupo, más tarde aún. Lo que me interesa para El deseo interminable es conocer la relación de ese proceso con la búsqueda de la felicidad.
La historia de la Humanidad incluye diferentes líneas evolutivas. Una de ellas es el paso de la comunidad (Gemeinschaft) a la sociedad (Gesellschaft) que estudio Ferdinand Tönnies. Otra línea es la señalada por Henry Sumner Maine en su Ancient Law: el paso del “estatus” heredado al “contrato” voluntariamente establecido. Otras líneas son el paso de la magia a la razón, de la religión a la laicidad, y la aparición del individuo como protagonista de la historia. Esta es especialmente importante porque, como he dicho antes separa la cultura occidental de gran parte del resto de las culturas.
”Sospecho que la relación “individuo- Estado” desarrolla mejor la “felicidad pública”, y que en su marco la relación individuo-comunidad puede facilitar la “felicidad subjetiva
Muchos piensan que el individualismo supone un rechazo a la comunidad, una forma de egoísmo. Sin embargo, el verdadero individuo moderno es el que se define como “sujeto de derechos” y esta es una innovación que establece unas nuevas relaciones de convivencia, más basadas, sin duda, en la deuda, en lo que “se me debe”, que en la generosidad compartida. En la “historia de la felicidad” tendremos que indicar cuál de las dos relaciones es más deseable. Sospecho que la relación “individuo- Estado” desarrolla mejor la “felicidad pública”, y que en su marco la relación individuo-comunidad puede facilitar la “felicidad subjetiva”. Ya veremos.




