Trabajar en el Panóptico tiene un inconveniente: ningún tema se cierra nunca porque siguen apareciendo datos, estudios, opiniones, que hay que revisar. Todo cierre es un estado provisional de verificación que debe seguir corroborándose.

“Erase una vez un mundo en que se podía distinguir la verdad de la falsedad. No es seguro que exista todavía”. Este no es el comienzo de un cuento de miedo, sino una breve descripción de nuestra situación. Acabo de leer dos libros sobre este tema.

Rafael Vila Sanjuán publica un interesante dossier en La Vanguardia sobre la pandemia donde señala tres grandes fracasos: la crisis de la salud global, la debilidad de los mecanismos internacionales de decisión; la percepción errónea de las amenazas reales.

Vivimos una “democracia de crédulos”, que es a la vez una “democracia desconfiada”. Quien cree en poderes ocultos se agarra a una pata de conejo. La creencia en conspiraciones falsas, eliminando el pensamiento crítico, favorece las conspiraciones verdaderas.

Desde El Panóptico sigo con interés los intentos de “democracia bursátil” ocurridos en la Bolsa estadounidense donde miles de pequeños inversores se han unido para hundir a los fondos bajistas

En Tratado de Filosofía Zoom insistí en que muchos de nuestros problemas económicos se originan en una mala comprensión de lo que es el dinero y del papel que la deuda tiene en el dinamismo económico

Se vuelve a hablar de que el Banco Central Europeo debería anular la deuda pública que tiene en sus manos. Según Piketti, un banco central puede operar con un capital propio negativo sin dificultad o incluso crear dinero para compensar esas deudas.

¿Recuerdan ustedes que se acaba de aprobar una nueva Ley de educación? A la vista está que lo único que interesaba era el ruido político, no la eficacia educativa.


