

Inteligencia artificial generativa, copiloto de una inteligencia humana ejecutiva.
De Roma deberíamos activar su pasión por solucionar problemas públicos, y silenciar la insensibilidad con la que buscó a veces la eficacia. Deberíamos activar la noción de derecho como generadora de una nueva “raza humana”, y también la idea de que esos derechos son “ficciones salvadoras”, que solo se mantienen mientras los mantenemos. Deberíamos activar la noción individualizadora del ius civile, pero también la necesidad de prolongarlo en un ius gentium. Y poner todo esto bajo la protección de la diosa Felicidad.
Desde el Panóptico, se contempla un mundo a dos velocidades: tecnológicamente muy avanzado, pero mentalmente anclado en programas ancestrales. La guerra de Ucrania es una prueba evidente.
Me gustan los mapas. Comprendo que en el siglo XVII los holandeses decoraran con ellos sus casas. Así se ve en los cuadros de Vermeer “Soldado y muchacha sonriente”, “El arte de la pintura”, “Mujer leyendo una carta”, o en “Los músicos” de Jacob Ochtervelt.
Una de las características de la inteligencia humana es su capacidad de anticipar el futuro. Tomamos decisiones pensando en el porvenir, a sabiendas de que no lo conocemos.
Las estadísticas de las batallas, los enfrentamientos entre naciones, la interpretación económica de los cambios sociales, son visiones verdaderas, pero ¿nos permiten comprender lo que sucedió?





