La Creatividad Económica

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La Creatividad Económica
  • Autores José Antonio Marina y Santiago Satrústegui
  • Editorial y ciudad Ariel, Barcelona
  • Fecha de publicación 2013
  • Páginas 189
  • ISBN 978-84-344-0938-5

Una de las finalidades de este libro es defender que, junto a una inteligencia científica, numérica, literaria, cinética, plástica, íntima y social, hay una inteligencia económica. Y, como en todos estos casos, hay que reconocer una creatividad propia de esta inteligencia. Antes de cambiar el sistema, creen los autores que hay que averiguar cómo debe ser la inteligencia que encuentre las soluciones a los problemas económicos.

Para cambiar la economía, debemos cambiar la idea que tenemos sobre la economía. La innovación económica tiene que ir más allá de la pura economía. Hay también que innovar en el entorno social, ideológico y cultural.

En la primera parte, se estudia la creatividad en la economía, centrándose en el talento como su gran recurso. Las dos fuentes de la creatividad económica serían la inteligencia económica individual y la social. Los autores trabajan con la noción de “campo económico”, y sus dos características esenciales: el carácter expansivo y el carácter simbólico de la inteligencia humana. El dinamismo y el campo de la economía están sometidos a la capacidad expansiva del deseo y a la capacidad instrumental de la inteligencia simbólica para alentarlo y satisfacerlo. Una de las herramientas que ha inventado es el dinero. Los autores analizan las cinco funciones del dinero.

En el capítulo cuarto se estudia una creación económica peculiar, la economía financiera. Los autores vienen a decir que falta innovación política y falta innovación jurídica para estar a la altura de las innovaciones económicas. El fracaso que ha conducido a la crisis económica actual, para ellos, ha sido de las “inteligencias financieras” que estaban al mando del sistema. También debe mejorarse la “competencia cognitivo-económica” de los ciudadanos. Se analizan por ello en este capítulo diferentes instrumentos financieros.

En la segunda parte, centrada en la reforma de la inteligencia económica, se aboga por la necesidad de desarrollar una nueva inteligencia capaz de integrar en una meta común las cuatro grandes instituciones que configuran el modelo en que confía nuestra cultura para resolver los problemas sociales, y al que hemos llegado tras años de ensayo y error: mercado, ciencia, tecnología y democracia. Tras un estudio de los mecanismos de la creatividad, se insiste en la creación económica cotidiana, ya que los autores consideran que una de las tareas de la inteligencia económica reformada debería ser constituirnos de otra manera como “sujetos económicos”, que reconozcan y asuman su poder económico.

El capítulo séptimo analiza la empresa como motor económico. Los autores creen que debe aparecer una “inteligencia empresarial reformada”. No se trata de eliminar sus competencias, sino ampliarlas. Las empresas son grandes concentraciones de talento, y debe ampliar el radio de acción de su talento. El capítulo octavo se centra en los nuevos modelos de empresas, con especial hincapié en las empresas con responsabilidad social y las empresas sociales necesitadas de beneficios para sobrevivir.

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