Tue Halgreen, analista jefe del PISA, ha señalado las tres causas más importantes del descenso global del nivel educativo revelado por PISA. De la primera ya he hablado: la introducción de los teléfonos móviles, que ha producido un descenso en las competencias, porque obstaculiza la lectura fuera de las pantallas. Segunda: el poco apoyo de los padres, apoyo que puede darse con hábitos tan sencillos como hablar con sus hijos de lo que han hecho en la escuela. Tercera: No damos a los docentes ni la formación ni el estatus social debidos (El País 13.9.26).

Sin duda, hay más causas. PISA advierte de la importancia fundamental que tiene la procedencia socioeducativa de los alumnos. Pero voy a señalar una que me parece esencial. Todos estamos colaborando a propagar el ideal de una “felicidad fácil”, lo que debilita nuestra capacidad de enfrentarnos a los problemas. Halgreen, al comentar la introducción de la IA en la escuela concluye que obstaculiza la educación, porque solo se utilizan los chatbots, los GPTs, que eliminan el esfuerzo y con ello el aprendizaje. China ha entendido mejor la situación: ha prohibido radicalmente el uso de móviles en las aulas y en cambio ha intensificado la formación digital y el uso de la IA como instrumento de aprendizaje.

”El lenguaje es la llave que abre los recursos de la inteligencia humana. Y la lectura es el despliegue de esa competencia.

El abandono de la lectura es universal. En julio pasado, antes de que PISA saliera, Ross Horowitch publicó en The Atlantic (una prestigiosa revista cultural fundada en 1857 por Ralph Waldo Emerson y Harriet Beecher Stowe) un artículo titulado «El fin de la lectura ya está aquí». En agosto, la edición en papel lo puso en portada con un título más impactante «The Age of Reading Is Over”.  Era la continuación de un alarmante artículo previo de la autora titulado «The Elite College Students Who Can’t Read Books». En efecto, los universitarios no leen más libros que los necesarios para sus estudios. Piensa que el tiempo de la “Humanidad lectora” ha pasado, y que eso producirá cambios vertiginosos en nuestra sociedad y en nuestros cerebros. Las pantallas y los contenidos breves han fragmentado nuestra atención y que incluso la educación se está adaptando a lectores con menor capacidad de concentración y comprensión. Es posible que, al escribir estos textos cortos, o la serie de microargumentos estoy colaborando a esta tendencia. Me defenderé diciendo que también escribo libros largos.

Deja tu comentario