
Pedimos a Gemini que rompiera su maquinaria estadística y escribiera como un poeta marginal. El resultado me llevó a una pregunta inquietante: si una máquina puede crear sin saber lo que hace, ¿qué nos dice eso sobre nuestro propio cerebro?
Pedimos a Gemini que rompiera su maquinaria estadística y escribiera como un poeta marginal. El resultado me llevó a una pregunta inquietante: si una máquina puede crear sin saber lo que hace, ¿qué nos dice eso sobre nuestro propio cerebro?
Álvaro Pombo y yo pedimos a Gemini un poema al estilo de García Lorca sobre un tema nada lorquiano: la morcilla. ¿Tiene la IA talento poético? El resultado nos sorprendió y me obligó a rectificar lo que pensaba sobre la IA y el humor.
Cierro la serie «Dios a la vista» con las conversiones repentinas de García Morente, Edith Stein o los Maritain, y con la experiencia mística de Teresa de Jesús. Ni puedo negarlas ni aceptarlas sin más: son verdades privadas, que pueden expresarse en el espacio público, pero nunca imponerse.
Termino la serie «Dios a la vista». Los nuevos ateos aciertan en sus críticas, pero no llegan al fondo del problema, y la filosofía tampoco puede demostrar que Dios no existe, porque la pregunta va más allá de la lógica. Los místicos, de San Juan de la Cruz a Rumi, hablan de una presencia que se encuentra en la oscuridad, y la neuroteología intenta explicarla.
Continúo la reflexión de «Dios a la vista». El universo existe, y esa existencia es una Singularidad que la ciencia no puede explicar. Comento tres libros que se enfrentan a ese enigma desde caminos distintos: la demostración (Bolloré y Bonnassies), la experiencia espiritual (Byung-Chul Han) y la filosofía (Habermas). Por razones diferentes, los tres consideran inteligente seguir ocupándose de Dios.
Cuando me preguntan si creo en Dios, respondo: «Depende». No es una manera de esquivar la pregunta, sino de plantearla bien. Treinta años después de Dictamen sobre Dios, vuelvo al libro para comprobar si sigo pensando lo mismo: la existencia como Singularidad, la teología negativa y el límite de lo que podemos conocer según Wittgenstein y Heidegger.
La razón no es solo razonar con lógica: es usar la inteligencia buscando evidencias verificadas. Y la ética también puede hacerlo, si pensamos en la «felicidad pública», la sociedad en la que todos querríamos vivir.
La filosofía nació como amor a la sabiduría y aspiró a ser la ciencia más ambiciosa. Hoy está en horas bajas. Frente a quienes la ven como una actitud innata, defiendo rehabilitarla como superciencia.
Un estudiante puede licenciarse en Ciencias Políticas en Francia sin estudiar Europa. Me parece un desvarío. La Unión Europea es la gran creación de la Gran Política: la que convierte los conflictos en problemas y busca la solución, no la victoria.







