Acabo de leer un libro que les recomiendo, Autoayuda medieval. Cómo reconciliarse con los siete pecados capitales, de Peter Jones, un especialista en cultura medieval (Reservoir Books, 2026). El tema de los pecados capitales me interesó tanto que escribí un libro entero sobre ellos: Pequeño tratado de los grandes vicios. Durante siglos se meditó sobre esa lista (de 7 o de 8) con propósitos morales, pero el resultado fue un rico tratado de “psicología oscura”, concepto introducido a principios de este siglo para designar rasgos perversos de la personalidad. La “Dark Pyshcology” se centró en cuatro rasgos: narcisismo, maquiavelismo, psicopatías no clínicas y sadismo. La psicología de los pecados capitales es más rica. Por eso me parece oportuno el libro de Jones. No interpreta la literatura medieval sobre este tema sino como una predicación moralista, sino como una empresa terapéutica.

Al estudiar las “vacunas contra las conductas insensatas” he vuelto a revisar esta literatura. Proponían una vacuna contra cada uno de los grandes desarreglos conductuales, que estudiábamos en mi infancia al aprender el catecismo: contra soberbia, humildad; contra avaricia, largueza; contra lujuria, castidad; contra ira, paciencia; contra gula, templanza; contra envidia, caridad; contra pereza, diligencia.

Al estudiar las pasiones oscuras y sus vacunas estábamos siguiendo, junto a un curso de moral, un curso de educación emocional. Creo que al rechazar como adoctrinadora y represora la moral católica en España, nos estamos olvidando de otro aspecto menos lúgubre de su influencia: fue la transmisora de una tradición de análisis psicológico del que en este momento carecemos. Nos parece terrible su práctica del “examen de conciencia” y olvidamos que era una práctica estoica, que seguía el concepto socrático de una vida reflexionada. Gran parte de lo que ahora denominamos “educación emocional” la recibíamos en ese formato. Tenía razón Jean Paul Sartre al decir que la gran literatura psicológica comenzó en Francia con los moralistas.

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