Todavía Newton tituló su obra magna Philosophiæ naturalis principia mathematica, y Adam Smith, creador de la economía como ciencia, era especialista en filosofía moral. Pero sin dejar de ser una actitud buscadora, la filosofía fue definiendo su propio campo de conocimiento. Aspiró a ser una superciencia que se encargara de resolver problemas que las ciencias positivas no tratan, o de estudiarlos al máximo nivel posible, sin límites de demarcación. Es, por ello, la ciencia más ambiciosa y difícil. Estudia el funcionamiento, las capacidades y limitaciones de la inteligencia en su relación con lo real y lo irreal, las creaciones culturales (por eso hay una filosofía de la ciencia, del derecho, del arte, de la religión, etc.) y, sobre todo, los criterios de evaluación de la verdad, del bien y de la justicia. Es una investigación de frontera, porque llega más allá de donde las ciencias aspiran a llegar.
Javier Gomá, un pensador al que respeto mucho, sostiene que el pensamiento filosófico es una propiedad esencial e inherente a nuestra naturaleza, por lo que es imposible dejar de hacerlo sin «dimitir» de nuestra propia condición humana. Si tomamos la filosofía como simple actitud indagadora, como capacidad reflexiva, como curiosidad y afán de hacer preguntas, Gomá tiene razón. Podríamos considerar al niño de cuatro años que hace preguntas en cascada un filósofo en embrión, y sin duda debemos fomentar la reflexión y el pensamiento crítico; pero convertirlo en una propiedad innata me parece devaluar la filosofía como superciencia. Equivale a decir que todos los niños son matemáticos porque todos forman el concepto de número. O como cuando se dice que todos los niños tienen sensibilidad pictórica porque les gusta hacer garabatos.
”La filosofía es la ciencia más ambiciosa y difícil. Una investigación de frontera, que llega más allá de donde las ciencias aspiran a llegar.
Necesitamos rehabilitar la filosofía como superciencia, porque está en horas bajas. Desconfía de la capacidad de la inteligencia, glorifica la opinión sin argumentos, abdica por escepticismo o pereza del pensamiento crítico. Se siente intimidada por el poder de la ciencia y de la técnica, que van venciendo en la competencia cultural. Pero esto es grave. Pienso que no tenemos mucho tiempo para decidir hacia dónde va a ir la cultura humana, lo que quiere decir —puesto que somos híbridos de naturaleza y cultura— hacia dónde va a ir nuestra evolución como seres racionales.
Les pondré un ejemplo de las limitaciones de la ciencia y de la necesidad de un pensamiento que esté por encima de ella. Conceptos tan esenciales para nuestra vida como son «persona», «dignidad», «derechos subjetivos previos a la ley» o «justicia» no son científicos. Sin embargo, son racionales porque resuelven problemas fundamentales usando racionalmente la inteligencia. El concepto de «razón» merece ser aclarado, pero lo dejaré para el post siguiente.
Para saber más
- Pensar a la europea: Europa no es una esencia fija, sino un modo crítico y dialogante de pensar del que la filosofía es fruto. (José Antonio Marina, artículo en prensa, 2019)
- ¿Por qué es tan necesaria la filosofía?: cómo la filosofía nos ayuda a entender la inteligencia y sus creaciones, y a evaluar lo que importa. (El Panóptico, episodio 2×10, febrero de 2024)
- Javier Gomá: «La distancia entre la filosofía y el público ha servido para que la sustituya una literatura de peor condición»: Gomá defiende una filosofía que no se encierre en los especialistas y advierte de que, si se aleja del lector, la sustituye la autoayuda. (Entrevista, Alicante Plaza, octubre de 2017)






