En el cruel y estúpido episodio de las Cruzadas, las huestes cristianas se lanzaban al combate al grito de ¡Deus vult! (¡Dios lo quiere!), y las musulmanas, al de ¡Allahu akbar! (¡Dios es el más grande!). ¿Significaba la palabra Dios/Alá lo mismo para unos y para otros? A mis alumnos jóvenes les recomendaba que, cuando alguien les dijera “Te quiero”, pidieran tiempo, como en baloncesto, y preguntaran: ¿Qué entiendes por querer? Ya sé que no lo iban a hacer, pero solo pretendía que se percataran de que “amor” y su cortejo son palabras claramente polisémicas. Admitimos como si tuviera sentido la expresión “la mató por amor”. O tendemos a pensar que si alguien dice sinceramente “no puedo vivir sin ti”, está haciendo la más profunda declaración de amor posible. De disparates así está empedrado el camino de la insensatez.
En el ámbito político, la proliferación de palabras confusas llega a la exacerbación. Palabras como soberanía, nación, nacionalidad, patriotismo, autonomías, estado federal, derecho a decidir, cogobernanza, poder constituyente, autodeterminación o identidad favorecen debates sin posibilidad de encuentro por su equivocidad. Por su parte, el movimiento woke ha creado un idiolecto propio —racialización, interseccionalidad, justicia social crítica, descolonización, privilegio blanco, cultura de la violación, pensamiento queer, etc.— que también favorece las incomprensiones.
Una de las tareas de la Filosofía, en su función de servicio público, es la clarificación de las palabras y de los conceptos que transmiten. Esto supone bucear en su historia para conocer lo que ocultan sus profundidades, que a veces son abisales.
En este minicurso voy a bucear en tres palabras, para descubrir sus tensiones internas, sus tesoros ocultos, sus cargas de profundidad, el gran sedimento que en ellas ha dejado la historia.
Primera inmersión
Estado Profundo (Deep State)
Según El País (12-9-2026), el Gobierno se encuentra cercado por el Estado profundo. Es una expresión que Trump usa profusamente. Apareció en la Turquía kemalista para designar “un poder invisible infiltrado en la Administración”, una manera de controlar al Gobierno desde ella. Trata de responder a la pregunta: ¿Quién manda realmente?
En general, Deep State significa la interferencia de fuerzas políticas o económicas en la tarea del gobierno. Pero esto puede hacerse de dos maneras: a la luz del día o de manera oculta.
- La vertiente visible. Mike Lofgren (The Deep State: The Fall of the Constitution and the Rise of a Shadow Government) lo considera la presión de una parte de la Administración y de sectores económicos sobre el gobierno, pero abiertamente. Algo parecido al complejo militar-industrial que denunció Eisenhower en 1961. En este mismo sentido lo utilizó Macron en 2019. En Francia se relaciona con los altos funcionarios de la Administración, los “enarcas” de l’École nationale d’administration, y tiene un carácter corporativista.
- La vertiente oscura. El otro significado es conspirativo y es el que usa Trump. En su campaña anunció que iba a “desmantelar el Estado profundo”. Es la interpretación que dan C. R. Lewandowski y D. N. Bossie (Trump’s Enemies: How the Deep State Is Undermining the Presidency). En este caso, las acusaciones pueden expresar el enfado por cualquier elemento que limite o dificulte la acción del gobernante.
El engreimiento de Trump y su falta de pudor han planteado un interesante debate sobre el poder en Estados Unidos. Su crítica al Estado profundo tiene su origen en su afán de poder absoluto. Sin duda todo gobernante siente esa atracción, pero no lo expresa tan a las claras. Trump ha reclamado la legalidad de un “ejecutivo unitario” (quiere decir “total”): el control del presidente sobre la administración federal. Llegó a afirmar:
”El artículo II de la Constitución me da derecho a hacer lo que quiera como presidente
(I have an Article II, where I have the right to do whatever I want as president.)
Quien use la expresión debería aclarar si se refiere a la vertiente visible o a la vertiente oscura del Deep State.
Stephen Skowronek y sus colegas han estudiado el fundamento de esta idea, que por otra parte ha rondado siempre la cabeza de los presidentes americanos. El artículo de la Constitución citado dice: “El poder ejecutivo se depositará en un presidente de los Estados Unidos”. No pone límites, cosa que, en cambio, la Constitución sí hace al hablar de los poderes del Congreso (Skowronek, S., Dearborn, J. A. y King, D. S., Phantoms of a Beleaguered Republic: The Deep State and the Unitary Executive, Oxford University Press, 2021). Y Trump lo interpreta como una legitimación completa de sus decisiones. ¿El siguiente paso será considerar que el Senado y la Cámara de Representantes, si no le son afectos, forman parte también del Deep State?
Para bucear más
- Lofgren, M., The Deep State: The Fall of the Constitution and the Rise of a Shadow Government, Viking, 2016.
- Lewandowski, C. R. y Bossie, D. N., Trump’s Enemies: How the Deep State Is Undermining the Presidency, Center Street, 2018.
- Skowronek, S., Dearborn, J. A. y King, D. S., Phantoms of a Beleaguered Republic: The Deep State and the Unitary Executive, Oxford University Press, 2021.
- What is a deep state and what do we know about it? (The Times of India)
- Misión Verdad: Deep State






