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No soy psiquiatra, pero el tema de la salud mental me interesa porque lo encuentro en todos mis “centros de interés”: la teoría de la inteligencia, la neurología, la filosofía, la psicología y la educación. He seguido con gran atención los cambios introducidos en cada una de las ediciones del DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders), editado por la Asociación Americana de Psiquiatría, el texto de referencia en todo el mundo. He estudiado su modelo de definición de los trastornos y las razones por las que unas enfermedades desaparecen y otras se incluyen.

Hace unos días, una serie de expertos y afectados han reunido a los grupos parlamentarios en el Congreso para pedirles que pongan en marcha de una vez el Plan de Prevención del suicidio que aprobaron en 2014, y que volvieron a aprobar en 2017. Ya en 2019 un importante número de supervivientes, psicólogos, médicos, profesionales de emergencia, exigieron al Congreso el cumplimiento de lo legislado, sin mucho éxito. El Gobierno aprobó hace unos meses la Estrategia de Salud Mental 2022-2026 con un epígrafe específico para prevenir el suicidio y promete que durante este mes de mayo empezará a funcionar el Teléfono contra el Suicidio. Lo que pedían las personas que acudieron hace unos días al Congreso fue una mayor rapidez y coordinación en la implementación de esas políticas.

Me preocupa especialmente la tasa de suicidios en niños y jóvenes. Un estudio de la Universidad de la Rioja con jóvenes de entre 14 y 19 años revela que el 19% ha deseado estar muerto alguna vez en el último año, y el 15% tiene ideas de quitarse la vida. Un 9% lo ha intentado alguna vez. Son cifras escalofriantes. La etiología del suicidio es muy compleja porque intervienen muchos elementos sociales y no solo psiquiátricos. Con este problema, al igual que otros trastornos psicosociales que afectan a la juventud, defiendo, al menos desde 2012, que debemos desarrollar una Ciencia de la Prevención general, aplicable a todas las edades, que debería prolongarse con actuaciones específicas en cada problema concreto. Me parece importante la buena comunicación entre los tres agentes que influyen directamente en la formación del niño: padres, docentes y pediatras. Con la idea de favorecer el contacto entre escuela y pediatras, la revista Pediatría integral me pidió que colaborara con una serie de artículos que en principio iban a titularse “Pedagogía para pediatras”. En ese momento pensé que sería importante escribir una “Psiquiatría para docentes”, e incluso llegué a tomar notas para ello, pero no me atreví. Espero que alguien se anime.

En 1998, la prevención fue el tema de la asamblea anual de la American Psychological Association. ¿Cómo se pueden prevenir los problemas de la depresión, el abuso de drogas, o la esquizofrenia en los jóvenes que son genéticamente vulnerables o que viven en entornos que facilitan la aparición de esos trastornos? Partían de la consideración de que los mayores progresos en la prevención provienen de una perspectiva centrada en construir sistemáticamente competencias, no en corregir debilidades. Sin embargo, no se llegó a poner en practica planes de prevención masivos.

Creo que la dificultad está en que la Ciencia de la Prevención tiene que movilizar muchos factores. Enlaza con la “inmunología cultural” de la que escribí en el Panóptico 40. Unos factores son psicológicos y otros sociales e incluso económicos. Para los jóvenes, que es el caso que he estudiado con más atención, el modelo que me parece más eficaz es el que se basa en el fomento de los factores de protección. Silbereisen y Lerner identificaron cuarenta: veinte internos y veinte externos al sujeto, y estudiaron como el aumento de los factores de protección disminuye el riesgo. Expuse brevemente este modelo en La nueva ciencia de la prevención (Pediatría Integral, 2012).
Tiene la ventaja de que fija una hoja de ruta cuyo desarrollo y eficacia se puede comprobar. En este, como en otros problemas educativos y sociales, creo que el agente óptimo para ponerlo en marcha son los municipios, que pueden activar muchos de esos factores de protección. De modo que me dirijo también a la Federación de Municipios para que lo considere.

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