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Artículos en prensa

Espacio de materiales de contrucción donde encontrarás los artículos de prensa de José Antonio Marina.

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La Inteligencia creadora (Prólogo)

Hacía muchos años que no releía Teoría de la inteligencia creadora (TIC) y lo he hecho con cierta prevención. Es como volver a ver a una antigua novia. Siempre se corre el peligro de convertirse en protagonista de un tango: “Y pensar que hace unos años fue mi locura”. Gardel puro. Tengo un especial cariño a este libro, en el que trabajé mucho tiempo, y temía que hubiera envejecido mal. Vivimos una época en que la innovación un nombre de moda para la creatividad- se ha acelerado. Una amenaza recorre el mundo económico: Innovación o muerte. Y por lo general la gente quiere vivir. Durante estos años he procurado estar al día de las investigaciones sobre el tema, incluso he escrito sobre el aprendizaje de la creatividad, la creación económica, la literaria, la religiosa y la ética. A mi juicio, las prácticas creativas se han desarrollado colosalmente pero las teorías  sobre los procesos inventivos no han progresado. Por lo tanto, mi preocupación sobre la posible obsolescencia del libro ha desaparecido.    

Sin embargo, me ha asaltado otra. Casi todo lo que he escrito después, y ha sido mucho, me parece ahora una ampliación, profundización o corroboración de lo que está dicho en este libro. En Filosofía se repite un dicho ingenioso y falso: La historia de la filosofía entera son notas a pie de página de la obra de Platón. En mi caso, podría decir que todo lo que he escrito son notas a pie de página de este libro. Lo que me inquieta es que en los últimos años he estudiado las trampas en que puede caer la inteligencia, los autoengaños, los sesgos cognitivos, y uno de los más virulentos es el llamado “sesgo de confirmación”, que nos hace prestar atención sólo a aquello que confirma nuestras ideas. Lo que pensamos que es una certeza segura puede no ser más que una tozudez blindada. ¿Habré caído en esta trampa? La Psicología es propensa a esas insistencias limitadoras. Muchos psicólogos muy renombrados han tenido una idea brillante y ya han dedicado toda su carrera a repetirse ( piense en conceptos como “inteligencias mutiples” (Gardner); “inteligencia emocional”(Goleman), “flow” (Csikszentmihalyi), psicologia positiva (Seligman), grit (Duckwort), mentalidad de crecimiento (Dweck), etc, etc, etc). Durante varios años hice crítica de libros científicos, muchos de los cuales no me interesaban, precisamente para intentar librarme de ese peligro. Ahora sigo buscando vías de información muy dispares, con la esperanza de que la probabilidad de autointoxicarme de certezas sea cada vez menor.

Los dos campos más innovadores en estos años han sido las neurociencias y la Inteligencia Artificial. Ninguna de las dos han propuesto teorías nuevas sobre los procesos creativos, aunque  han aplicado los conocidos con un ingenio asombroso. En un caso -la neurociencia- confirma lo dicho en este libro y en el otro -la IA-este libro nos permite situar el debate actual sobre sus beneficios o peligros. Me explico. Mi idea de la creatividad  se basa en la distinción de dos niveles en la inteligencia humana: la inteligencia generadora, y la inteligencia ejecutiva. La generadora, que es fundamentalmente biología y memoria, se encarga de producir ocurrencias: recuerdos, imágenes, ideas, melodías, proyectos, teorías. Por eso en esta primera versión la llamé “inteligencia ocurrente”. Funciona de manera no consciente, y el reconocimiento del inconsciente neuronal no psicoanalítico-ha sido uno de avances de la neurología moderna. Nuestro cerebro está, por usar un término popular, en perpetua y no consciente “tormenta de ideas”, con unos sistemas de evaluación automáticos. La inteligencia animal se ha estancado. En cambio, la humana ha completado el nivel generador con un nivel ejecutivo consciente, encargado de planificar, fijar objetivos, evaluar críticamente las ocurrencias generadas por el nivel de abajo y detectar los errores

La tesis de TIC es que lo que caracteriza  la actividad creadora no son tanto los procesos combinatorios que la hacen posible, sino los criterios de evaluación capaces de discernir entre lo nuevo y lo extravagante, entre lo eficaz o lo inútil, entre lo innovador y lo rutinario. La gran creación de un artista es, precisamente, su criterio de evaluación, que guía la elaboración de proyectos, la elección de lo que quiere conseguir. A partir de ese momento se esfuerza por alcanzarlo. Pradilla, el pintor de cuadros históricos, o los Madrazo tal vez fueran técnicamente mejores pintores que Monet, pero el proyecto de Monet nos parece más interesante. La Teoria de la inteligencia creadora está llena de ejemplos que muestran que la tarea de un creador consiste fundamentalmente en desechar ocurrencias. La neurociencia ha confirmado la importancia de las funciones ejecutivas, que tienen su sede en los lóbulos frontales, las estructuras mas modernas del cerebro.,

En este libro afirmé que la inteligencia humana era la inteligencia animal transfigurada por la libertad. A muchos de mis colegas les pareció que estaba mezclando cosas heterogéneas. Dicho en términos castizos, churras con merinas.  Sin embargo, solo estaba expresando -tal vez de manera demasiado críptica- algo admitido por los psicólogos evolucionistas. El gran salto de la inteligencia animal a la humana se dio cuando los humanos pudieron manejar a voluntad las informaciones guardadas en la memoria, lo que les permitiría vivir a la vez en el bosque real y en el bosque imaginado. Su inteligencia se liberaba así de la tiranía del estímulo. Podía crear los suyos propios. En su nivel animal la memoria responde a los estímulos, los reconoce, los asocia. En su nivel humano, el sujeto puede hacerla recordar, por ejemplo, haciéndole preguntas. Además, la memoria de los animales funciona según sus propias normas. Retiene lo que le parece interesante. En cambio los humanos podemos construir nuestra propia memoria, mediante el aprendizaje.  Esto es esencial para el tema que nos ocupa. Podemos construir una memoria de matemático, de poeta, de fontanero o de taxidermista. Podemos, en fin, aunque parezca un oxímoron, construir una memoria creadora (1). Por cierto, los antiguos griegos, a quienes se les escapaban pocas cosas, pensaron que las Musas, las diosas de la creatividad, eran hijas de Mnemosyne, la Memoria. Y ahora, las recientes investigaciones neurológicas nos dicen que debemos reivindicar el papel de la working memory en la actividad creadora. (2).

No me extraña que introducir la libertad en la definición de la inteligencia creadora escandalizara a mis colegas, porque, en efecto, parecía  como querer aclarar un enigma apelando a un misterio. No olvidemos que gran parte de los neurólogos piensa que la libertad humana es una ilusión o, mas bien, una cierta alucinación útil. Creo que me libré bien de esas críticas adversas, porque no utilizo una idea grandiosa de libertad, como si fuera un glorioso aerolito espiritual  caído en el determinismo de la materia, una excepcionalidad tan milagrosa que Zubiri vio en su existencia una demostración práctica de la existencia de Dios, sino que la he sustituido por la humilde y laboriosa idea de “liberación”. Poco a poco, el cerebro de nuestra especie se ha ido autodomesticando, autocontrolando, comenzando así una ímproba tarea de liberación de la impulsividad, de la ignorancia, del miedo, de la credulidad, de la coacción del poder, . Al autocontrolar las operaciones mentales sometiéndolas a proyectos, las transformamos. La percepción no se limita a registrar, sino que busca; la atención se hace voluntaria; la memoria es construida mediante  el aprendizaje dirigido. Describir estos procesos, aparentemente minúsculos pero de trascendencia cosmogónica, ocupa la primera parte de este libro. La inteligencia se libera de la tiranía del estímulo y se va haciendo autónoma. Todas las operaciones mentales quedan transformadas bajo la acción de lo que ahora llamamos “funciones ejecutivas”, otro descubrimiento neurológico. La acción animal está impulsada y dirigida por necesidades y deseos. La humana,  lo está además por proyectos, es decir, por anticipaciones pensadas. La conclusión a la que llegué es que la creación consiste en utilizar las operaciones habituales para realizar un proyecto creador. Este es el que tira de los procesos y los transforma. De esa manera, la creatividad está sometido a los mismos procesos de aprendizaje que otras actividades. Fijamos una meta que nos resulta inaccesible y nos entrenamos para estar en condiciones de alcanzarla. Ese es el proceso al que se someten también los grandes creadores.  Flaubert se desesperaba porque no era capaz de llevar al papel el estilo literario que tenía en la cabeza. Van Gogh estaba dispuesto a repetir un dibujo diez, cien, mil veces, hasta alcanzar la forma que quería. Picasso no quiso vender Les demoiselles d’Avignon porque no sabía como terminarlo. Valery escribe mas de cien variaciones de La jeune Parque y acaba diciendo: Ahora se lo suficiente sobre este poema como para comenzar a escribirlo.

Decía antes que la teoría expuesta en este libro permite situar mejor los gigantescos avances realizados en el campo de la Inteligencia Artificial y ahora paso a aclararlo. En los últimos años, tras la aparición de los sistemas de IA generativa, se ha armado una viva polémica acerca de si se debe atribuir capacidad creadora a estos programas (3). Unos teóricos piensan que no, porque el verdadero arte debe incluir la autenticidad y la intencionalidad. Otros, en cambio, responden que hay que reconocérsela porque resulta difícil en muchos casos reconocer si una obra tiene un autor humano o digital. Y, por último muchos creen que las nuevas tecnologías ampliarán el campo artístico como han hecho con el campo científico o técnico (2). Tal vez sea una presunción infundada, pero encuentro en el presente libro una sensata solución. En sus primeras páginas cito un estudio que acababa de aparecer en aquel momento, escrito por uno de los padres de la IA, Allen Newell. Se titula Unified Theories of Cognition. En él se define la inteligencia como la actividad mental que proporciona los medios para alcanzar un fin. Esto supone reconocer que los fines, las metas, los valores no dependen de la inteligencia. ¿Entonces de quien dependen?  Todos los sistemas de Inteligencia Artificial resuelven problemas y han de tener sus criterios de evaluación, pero no pueden  inventarlos. Eso se vio con claridad desde los primeros programas de jugar al ajedrez  y se sigue viendo en los mas sofisticados sistemas de Deep learning. Hay que decir a la máquina si lo está haciendo bien o mal. Aunque parezca extraño, los programas aprenden de una manera muy skinneriana, por refuerzos positivos y negativos. El algoritmo de retropropagación, que parte del reconocimiento de un error para ir hacia atrás y establecer las correcciones necesarias, copia un proceso psicológico elemental y bien conocido. El gran alarde ha sido conseguir que lo realice una máquina. Lo descubrió mi admirado Geoffrey Hinton hace cuarenta y cinco años. En conclusión, creo que la IA confirma la idea de que los criterios de evaluación son la parte mas importantes de la tarea creadora y que, al menos por ahora, es una exclusiva humana. La IA no se fija metas, ni sabe seleccionar la jugada mejor, ni es capaz de captar valores. Tenia razón Newell.

Respecto al papel de la IA en el arte, la estructura dual de la inteligencia que he mencionado -nivel generador y nivel ejecutivo- sugiere que la gigantesca potencia de la IA debe enlazar con la”inteligencia generadora”, ampliar su memoria y sus procedimientos, pero que debemos mantener la evaluación y la fijación de los proyectos en el nivel ejecutivo, el específicamente humano. Eso exige una nueva educación de la inteligencia que no esté basada en la acumulación de información, sino en su evaluación, en la toma de decisiones, y en la acción. Llevo decenios intentando que esta idea cale en nuestro sistema educativo, con nulo éxito. La utilización de los programas de IA aplicados a la arquitectura, por ejemplo, o a la bioquímica, son un buen ejemplo. Pueden proporcionar cientos de soluciones, pero para que esto sea útil debemos aplicar un criterio de evaluación para seleccionar la mejor. Esto es por ahora una exclusiva humana y debería continuar siéndolo.

He dicho que todo lo que he escrito ha sido continuación de este libro, pero se me ha olvidado decir que lo fue de forma abrupta. Su último capítulo me sorprendió al escribirlo y me ha vuelto a sorprender al leerlo. No había pensado que el libro iba a terminar así. Es lo que sucede con las investigaciones, lo que las hace emocionantes: se sabe como empiezan, pero no como acaban. Después de haber descrito cómo la inteligencia animal se iba superando a sí misma, después de ver la inteligencia creadora en acción, en la pintura, la literatura, la música, apareció como una ocurrencia un tipo de creación en la que no había pensado. La inteligencia crea mediante proyectos, y uno de esos proyectos puede ser ella misma: ¿cual es la manera más inteligente de usar la inteligencia? En Elogio y refutación del ingenio había experimentado vivamente el atractivo de dejarse llevar por las delicias de la superficialidad, evitando el peso de la seriedad. Es la misma tentación que sufrió Sartre: Glissez mortels, n’appuyez paz. Deslizaos mortales como un patinador sobre la pista de hielo, o como un surfista sobre el oleaje de Internet. No perdáis la ligereza. No os hagáis pesados. En el momento de escribir TIC había en el ambiente un elogio de la transgresión y de la inteligencia perversa. Ahora comienza a estudiarse la creatividad malvada, la dark creativity (4). En ese planteamiento resulta difícil distinguir entre la creación y la destrucción. Elegir el mejor modo de usar la inteligencia es un asunto de mayor cuantía. Puestos a crear, ¿qué mayor proyecto que crear el modo de ser sujeto, de redefinir la naturaleza humana? De esto hablaba el último capítulo, y añadía, para sorpresa mía, que de eso se encarga la ética. Eso fue una ocurrencia, pero al considerarla entonces  me dí  cuenta de que había cometido un error garrafal, que he intentado remediar después. Había estado tan fascinado por la creación artística, científica o técnica, que había desdeñado la que ahora me parece la más importante creación de la inteligencia humana: la ética. He llegado a exponer esta convicción de forma estrepitosa para escandalizar a mis colegas diciendo que la gran creación es la bondad, que es la inteligencia ética en acción, pero me ocuparía demasiado espacio intentar explicárselo. ¿Por qué me parece la ética la creación mas importante? Porque se encarga de resolver los problemas más complejos, urgentes y universales: los que tienen que ver con la felicidad personal y la felicidad pública. Mirando por el retrovisor, reconozco que hasta ese momento los libros de moral me habían aburrido, estaba moviéndome en  cumbres luminosas y  libres y en la moral solo veía constricciones disciplinarias. Además, ¿cómo iba a tratar en un libro sobre  creatividad los sistemas morales que suelen presumir de ser  permanentes y eternos? Comprender que las normas   forman  parte  de un proceso en que una naturaleza animal se fue autodomesticándose, recreándose a sí misma para hacerse humana, me sorprendió y me irritó, porque me hacía salir de mi zona de confort intelectual. Me forzó también a autodomesticarme.  Tenía que empezar a estudiar un nuevo tipo de creación de enorme repercusión en la vida humana: la ética y la política. ¡Qué aburrimiento! Entre disfrutar de la maravillosa lógica sonora de Monteverdi y sumergirme en  la escueta prosa del imperativo categórico hay un abismo emocional. Pero tuve que atravesarlo. En la última línea del libro anunciaba que estudiaría ese tema en mi siguiente libro: Etica para náufragos. Era un anuncio aventurado porque era una ocurrencia de ultima hora, hecha un poco a ciegas, sin saber muy bien a qué me comprometía, pero la promesa se cumplió. Tres años después, Anagrama publicó Etica para náufragos. Había dedicado esos años a estudiar los tratados de ética que había desdeñado en mi vida anterior. Es decir, me sometí a un entrenamiento acelerado. Como parte de él,  llevé en el suplemento cultural de ABC, desde 1994, una sección titulada Creación ética, que resultaba anómala en el panorama de la cultura. Me empeñé en que fuera la última sección, después de la creación literaria, plástica, musical, cinematográfica, teatral, y  la presentación decía: «Cerrada la novela, oído el concierto, vista la exposición, el ser humano sale de esa pausa maravillosa y se encuentra ¿con qué? Con la vida. Entonces empieza la creación ética». Había oído la música antes de conocer la letra.

En eso sigo. Continúo fascinado porque la inteligencia inventa y realiza proyectos que revierten sobre la propia inteligencia y la transforman. En esa espiral ascendente, que conté en El bucle prodigioso, también en Anagrama,se mueve todo lo que he escrito. Siempre agradeceré a Jorge Herralde y a su editorial que me animaran a hacerlo y que ahora con esta reedición no muestren arrepentimiento.

NOTAS

1.- Marina, J.A., “La memoria creadora” en Ruiz-Vargas, J.M. (coord.) Claves de la memoria, Trotta, Madrid, 1997.

2.- Vandervert, L.M. et alt. How working memory and the cerebellum collaborate to produve creativity and innovation. Creativity Research Journal, 19(1):1–18, 2007.  Aisling Murray M. y Byrne, R.M.J.. Attention and working memory in insight problem-solving.  Proceedings of the Twenty-Seventh Annual Conference of the Cognitive Science Society, 2005.  Gong, Z. et alt.A Positive Association between Working Memory Capacity and Human Creativity: A Meta-Analytic Evidence, J. Intell. 202311(1), 15. Masse, N.Y. et alt. Circuit mechanism for the maintenance and manipulation of information in working memory, Nature, neurosc., 2019 Jul;22(7):1159-1167.

3.-Cropley, D. (2023). Is Artificial Intelligence More Creative than Humans? : ChatGPT and the Divergent Association Task. Learning Letters, 2, 1-8. Runco, M. A. (2023). Updating the Standard Definition of Creativity to Account for the Artificial Creativity of AI. Creativity Research Journal, 1-5 García, M.B. The Paradox of Artificial Creativity: Challenges and Opportunities of Generative AI Artistry,Creativity Research Journal37(4), 755–768, (2024).

4.-  Perchtold-Stefan, C. et alt. Generating, evaluating, endorsing, and implementing malevolent creativity: a malevolent idea journey, Front Psychologu, 2025, 4 dec., 16. Cropley, D. H., Kaufman, J. C., & Cropley, A. J. . Malevolent creativity: A functional model of creativity in terrorism and crime. Creativity Research Journal, 2008, 20(2), 105–115.

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