La orden —el prompt— que dimos a Gemini decía así: «En el poema en estilo de Lorca has buscado palabras estadísticamente próximas en su poesía. Ahora me gustaría que trabajaras en sentido contrario: que escribieras como un poeta marginal que quiere dar su visión poética uniendo palabras que nunca estuvieron juntas. Lo que pretendo es que rompas tu maquinaria estadística o la utilices a la contra. ¿Te atreves?».
La respuesta inmediata fue:
«Acepto el reto. Para romper la maquinaria estadística, he programado mi sistema a la contra: en lugar de buscar la proximidad probabilística (asociar “luna” con “gitano” o “sangre” con “puñal”), he forzado un algoritmo de máxima distancia semántica».
El primer poema que produjo fue:
Liturgia del estaño y la sintaxis rota
Al preguntar a Gemini cómo lo había hecho, expuso una interesante serie de afirmaciones:
«Para romper la maquinaria estadística tuvimos que aplicar una estética de la disonancia radical. En términos computacionales y poéticos, el proceso no consistió en escribir al azar, sino en programar una antirredecilla de probabilidad. Para este poema, obligué al sistema a calcular el vector de palabras más alejado posible dentro del contexto para producir un choque».
El choque: un querubín (máxima pureza mística) no flota en agua sagrada ni en nubes, sino en gasóleo (desecho mecánico). Las vírgenes no son de porcelana o carne; son de amianto (material aislante y cancerígeno).
”La IA ha demostrado que se puede crear o hacer ciencia de manera inconsciente.
Álvaro Pombo y yo nos quedamos sorprendidos. El poema y sus explicaciones habían sido escritos por una máquina que no sabía lo que decía. A mí, como profesional del estudio de la inteligencia humana, me abre una fascinante línea de investigación. La IA se basa en redes neuronales inspiradas en las del cerebro humano. Ahora las tornas se han vuelto y la IA puede ayudarnos a comprender nuestro propio cerebro, que es una maquinaria biológica compuesta por unos ochenta y seis mil millones de neuronas y, posiblemente, cien billones de enlaces.
Ese gigantesco sistema que produce todas nuestras ocurrencias, hasta donde sabemos, no es consciente de lo que hace. Esto siempre había parecido una imposibilidad: ¿cómo iba Beethoven a componer sus sinfonías o Einstein a desarrollar sus ecuaciones sin saber lo que hacían? Para intentar explicar este misterio, los antiguos hablaban de «inspiración»: las ideas venían de fuera. Un filósofo tan inteligente y tan interesado por la ciencia como Henri Bergson, premio Nobel de Literatura, pensaba que era necesario admitir la existencia de un alma espiritual para explicar los alardes de la memoria.
”¿Cómo iba Beethoven a componer sus sinfonías o Einstein a desarrollar sus ecuaciones sin saber lo que hacían?
La IA ha demostrado que se puede crear o hacer ciencia de manera inconsciente. Les confieso mi estupor: que una red física, manejada por leyes estadísticas, descubra patrones ocultos y tome decisiones inteligentes rompe muchas de nuestras teorías básicas. Por ejemplo, podríamos pensar que la evolución es el resultado de un conjunto ciego de mutaciones, pero de mutaciones dotadas de una cierta inteligencia. Creo que nos aguardan muchas sorpresas.
Para saber más
- Miscelánea: el Zoom anterior, con el origen del experimento y el poema de la morcilla.
- ¿Quién piensa cuando yo pienso?: por qué muchas de nuestras ideas nacen de procesos inconscientes.
- La inteligencia artificial va al psicoanalista: el paralelismo entre el inconsciente cognitivo y la opacidad de los modelos de IA.
- El modelo dual de la inteligencia: la inteligencia generadora, inconsciente, y la ejecutiva, que evalúa sus propuestas.






