
Cuando me preguntan si creo en Dios, respondo: «Depende». No es una manera de esquivar la pregunta, sino de plantearla bien. Treinta años después de Dictamen sobre Dios, vuelvo al libro para comprobar si sigo pensando lo mismo: la existencia como Singularidad, la teología negativa y el límite de lo que podemos conocer según Wittgenstein y Heidegger.



