Episodio 5x01

Centro de vacunación contra la insensatez

Nueva temporada del EL Panóptico de José Antonio Marina

Bienvenidos a la 5ª Temporada de El Panóptico de José Antonio Marina.

Existe una epidemia silenciosa que arrasa el mundo: la insensatez. El historiador económico Carlo Cipolla ya nos advirtió de que el número de personas estúpidas y su peligrosidad son mayores de lo que creíamos. El verdadero problema es que nuestro sistema inmunitario mental está deprimido.

Nos acostumbramos a que los problemas se vuelvan crónicos. Toleramos la corrupción política y aceptamos dinámicas autodestructivas en nuestra vida diaria. Cuando sufrimos esta inmunodepresión mental, somos presa fácil del manipulador de turno.

«Considerar irremediable lo que tiene remedio es también una muestra de insensatez.»

La insensatez no es un defecto de la inteligencia, sino de quien la usa mal. Insensato es quien se obstina en dar una mala solución a un problema, a sabiendas de que es mala y rechazando cualquier evidencia en contra. De Troya a Vietnam, la historia está llena de ejemplos.

La solución es la misma que con las patologías biológicas: fortalecer las defensas y elaborar vacunas específicas. Llevo varios años trabajando en la creación de vacunas mentales contra la insensatez, el fanatismo y la adicción. Como una vacuna no sirve de nada si nadie se la pone, he decidido convertir El Panóptico en un centro de vacunación.

Te doy la bienvenida a la quinta temporada de El Panóptico: Centro de vacunación contra la insensatez.

El objetivo final es que este modelo llegue a las escuelas, a las universidades, a los medios de comunicación, a las empresas y a la sociedad en general. Mientras lo logramos, te invito a conocer el centro y a compartirlo.

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¡Que ustedes lo piensen bien!

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Ep. 5x01: Centro de vacunación contra la insensatez
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  • Protegerse contra los patógenos es, sin duda, imprescindible. Pero es solo la mitad de la solución. La vacunación debería complementarse con acciones dirigidas a erradicar los diferentes virus mentales. Es cierto que si un patógeno deja de ser contagioso su presencia de ve mermada. Pero también sabemos que mutan y evolucionan, por lo que, antes o después, volvemos al punto de partida. Es como una humedad, que puede solucionarse en un punto, pero reaparece en otro si no se ataja la filtración. Así pues, la defensa es siempre una solución temporal. Quizá lo cíclico de la historia tenga en parte su explicación ahí.

    Habría que plantearse un objetivo complementario: atajar el origen del problema. Hablaríamos de conseguir que la intencionalidad infecciosa dejara de darse. Por ejemplo, que la tentación de meter la mano en caja ajena no emergiese en nadie. De conseguirlo, se erradicaría así una forma clásica de corrupción.

    Reconozco que no es tarea sencilla. Puede incluso que supere en dificultad a la inmunización. Pero es posible. La prueba está en que hay personas honestas. También hay quienes pasaron de agredir a todo lo contrario. La transformación existe, y si se da en una persona, puede darse en las demás.

    En resumen, y aunque las analogías bélicas no me gusten, de trata de complementar la estrategia defensiva con acciones ofensivas. Dejar solo de huir para también plantar cara. Y aunque suene agresivo, las armas para ello no lo serían en absoluto.

    Un afectuoso saludo,
    Adán

  • «La estupidez es un enemigo más peligroso que la maldad». Esta frase corresponde al teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer encerrado en una celda nazi en 1943 por oponerse rotundamente al régimen hitleriano. Lo dijo al comprobar que gente con gran formación profesional, académica y universitaria aplaudían a Hitler apasionadamente. La pregunta que se hacía es cómo gente con buen corazón podía aplaudir a Hitler. Bonhoeffer decía que contra la maldad puedes luchar luchar, puedes denunciarla, resistirla, encerrarla, porque la maldad tiene una lógica, ya que tiene un fin y eso te permite anticiparla. Pero contra la estupidez no hay defensa, porque la persona estúpida no es alguien con poca inteligencia, sino alguien que ha renunciado a usar su juicio propio, alguien que ha entregado su capacidad de pensar a un líder, a un grupo, a un eslogan, a una ideología. Una vez que eso ocurre, no puedes convencer a esta persona con hechos, no puedes apelar a su razón, porque ya no tiene razón propia, tiene la razón de otro. Luego, la protección del grupo, el sentido de pertenencia y el miedo a desmarcarse de ese entorno social hacen el resto..

    • José Antonio Marina dice:

      El recuerdo de Dietrich Bonhoeffer me ha rejuvenecido, porque hace muchos años que nadie se acuerda de él. Fue un personaje conmovedor. Su obra, corta por su temprano asesinato, tuvo mucha influencia en la “teología de la muerte De Dios”, de los años sesenta, por ejemplo, en la obra del obispo Robinson y del teólogo Paul van Buren. Bonheffer había elaborado una ética del compromiso radical, que recomendaba actuar “como si Dios no existiera”, Escribir: “Ante Dios y con Dios, vivimos sin Dios”. Querida decir que los seres humanos debemos asumir la total responsabilidad de la historia y del planeta en el que habitamos, madurar y dejar de esperar que un «Dios niñera» venga a resolver lo que nos toca solucionar a nosotros, evitando utilizarlo como un “tapa agujeros”. «Hemos de hallar a Dios en las cosas que conocemos y no en las que ignoramos. Dios quiere ser comprendido por nosotros en las cuestiones resueltas, y no en las que aún están por resolver”
                  Su análisis de la estupidez, oponiéndola a la maldad, no es muy coherente, porque consideraba la estupidez una falta moral. Creo que estaba pensando a la fascinación alemana por el nazismo. Sin duda conocía personas “buenas” que habían caído en ella, Gente generosa dispuesta a sacrificarse por su patria. La vacuna contra la insensatez va precisamente dirigida a prevenir esos desvaríos de la credulidad. Gracias por su comentario.

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