Aprender a Vivir

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Aprender a Vivir
  • Editorial y ciudad Ariel, Barcelona
  • Fecha de publicación 2004
  • Páginas 206
  • ISBN 978-84-344-4465-2

La principal función de la educación no es trasmitir conocimientos, sino enseñar a vivir, una tarea urgente en la sociedad en la que vivimos, asolada por grandes problemas. Esta tarea entraña una gran dificultad, actualmente docentes y padres parecen educar contracorriente. Todos ejercemos una influencia educativa buena o mala por acción u omisión, por lo que la sociedad entera debe implicarse: padres y docentes, medios de comunicación empresas e instituciones. Necesitamos una gran movilización educativa, porque, según reza un proverbio africano, “para educar a un niño se necesita toda una tribu”.

Se propone aquí un esbozo de psicología emergente, el desarrollo de la personalidad a partir de unas estructuras biológicas y sociales, un proceso que empieza en la psicología y acaba en la moral, y se sientan las bases para ayudar al niño a desarrollar una personalidad inteligente desplegada en la acción. Se exponen los fundamentos teóricos de un modelo de educación, fundamentados científicamente en un gran número de doctrinas y experiencias educativas del mundo y en las teorías desarrolladas por el autor en obras anteriores, sin olvidar los procesos de educación y formación de personalidad en otras culturas.

La educación debe ayudar al niño a desarrollar su capacidad para elegir bien sus metas en función de las aspiraciones universales del hombre. Conseguir estas metas va a depender de los recursos con los que cuente, por eso el modelo educativo que se propone está basado en la teoría de los recursos (personales y sociales). El desarrollo de la inteligencia incluye aspectos cognitivos, afectivos y sociales.

Necesitamos recuperar para la educación, conceptos que un mal uso pedagógico ha dejado inservibles, como la voluntad- entendida no como una cualidad innata sino como una función de la inteligencia- o el sentido del deber, entendido como un elemento liberador que nos impide dejarnos llevar por presiones o impulsos incontrolados.

Nacemos con una personalidad recibida, compuesta de inteligencia básica, temperamento y sexo, que nos hace propensos a la felicidad o a la desdicha, sobre la que adquirimos unos hábitos, y añadimos planes y comportamientos, que nos salvan de un determinismo irremediable y acaban constituyendo nuestra personalidad elegida. La educación puede y debe ayudar al niño a contar con los recursos necesarios para construir una personalidad inteligente en una sociedad que le permita desarrollar sus posibilidades y alcanzar una vida digna y feliz.

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