Es bien conocido que personas responsables pueden entrar en un peculiar estado, que denomino ‘estado de masa’. Gustave Le Bon estudió el sorprendente hecho de que personas inteligentes, razonables y libres, pueden actuar de manera inesperada cuando se integran en una multitud. Mientras se encuentra en ese estado, el individuo pierde su identidad, sufre un contagio emocional y se halla en estado de sugestibilidad.
Esta temporada vamos a estudiar un «Curso de Inmunología mental». Cómo detectar y defendernos de los virus mentales que perturban el buen funcionamiento de la inteligencia y a los que estamos expuestos todos: las falsas noticias, los trucos propagandísticos, los sesgos cognitivos o afectivos, las ideas corruptoras, las consignas violentas, las falsas evidencias.
El tema de la estupidez me interesa desde hace mucho tiempo. En La inteligencia fracasada intenté responder a la pregunta que se formuló uno de los grandes psicólogos del pasado siglo, Robert J. Sternberg: Por qué las personas inteligentes pueden ser tan estúpidas, (Crítica, 2006). Según mi Archivo, en el 2021 escribí un artículo sobre “inmunología mental” (El Panóptico 40). Trataba de aplicar al campo de la inteligencia humana el mismo modelo que utiliza la biología.
La Filosofía puede acercarse al tema de Dios de dos maneras. He definido la Filosofía como la ciencia que estudia la inteligencia, sus creaciones, y los criterios de evaluación de esas creaciones. Una de esas creaciones es la religión, un fenómeno que se ha dado en todas las culturas que conocemos, por lo que podemos considerarla un “universal antropológico”, siempre que ampliemos el concepto de religión.
Una de las ventajas de aplicar determinados algoritmos de inteligencia artificial para la generación de conceptos es que el sistema tiende a detectar patrones y luego aplicarlos sobre un mar de datos, con el objetivo de predecir y conseguir nuevos contenidos. Detectar patrones es un aspecto clave de este proceso de IA.


