La Creación Económica

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La Creación Económica
  • Editorial y ciudad Deusto, Barcelona
  • Fecha de publicación 2003
  • Páginas 163
  • ISBN 84-234-2176-7

Tradicionalmente se ha identificado la actividad creadora con las grandes manifestaciones del arte, la ciencia  y la cultura, pero el significado de crear es mucho más amplio: significa hacer que algo valioso que no existía con anterioridad, exista. Los mecanismos de la creatividad económica se despliegan en múltiples tareas: inventar una empresa, inventar nuevos productos, inventar modos de organización, inventar nuevas maneras de seducir a los clientes.  La necesidad de innovar está cada vez más presente en el ámbito empresarial. Las empresas ultramodernas –de las que trata este libro- son una concentración de talento, y su finalidad es ganar dinero creando.

José Antonio Marina nos propone una nueva Teoría Económica como parte de  su Teoría General de la Inteligencia Creadora,  y un estudio de las empresas como parte de ese dinamismo creador. Ese nuevo enfoque, que pone el énfasis en la responsabilidad social de empresas e instituciones, cambia el significado de conceptos como capital, estado o riqueza. Revisa las teorías predominantes en la actualidad  y estudia hacia dónde evoluciona la economía. Le interesa analizar las empresas modernas y creadoras  que ven más allá de los beneficios inmediatos, no el capitalista codicioso y especulador cuyo único interés es acumular dinero lo más rápidamente posible y cuyos tristes ejemplos empañan la convivencia. El empresario inteligente, además de ganar dinero, disfruta siendo eficiente, creando algo valioso para todos.  Marina se apoya en una amplia bibliografía de los autores más significativos sobre el tema.

Necesitamos desarrollar una cultura de la creación, que nos saque de la rutina y la inercia, que  valore adecuadamente la innovación y promueva una educación adecuada que desarrolle al máximo las posibilidades de las personas, cuyo talento constituye nuestro gran capital social. Se trata de  una nueva concepción del capital que va más allá del puramente económico, para pasar a ser un concepto ético: el capital intelectual, conjunto de recursos acumulados que amplía las posibilidades de acción o producción de una persona grupo o empresa. Las empresas no sólo colaboran creando riqueza, sino que deben colaborar en el incremento del capital social.
Un modelo basado en  un sistema de mercado, la racionalidad científica, la  innovación tecnológica y la democracia política es la mejor organización posible para resolver nuestros problemas prácticos, siempre que se integre en el Gran Proyecto Ético que Marina propone.

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