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Tesis nº 24

El habla interna, lenguaje de la libertad, permite una autorregulación de la conducta.

7 comentarios

  1. Es cierto, pero para mí es una parte, hay elecciones rápidas en las que no hay habla interna. tal vez la hubo en un momento anterior en cisrcunstancias similares, pero ahora no.

    La expresión lenguaje de la libertad me parece bella pero no rigurosa ¿Puedes especificar un poco más? ¿no hay libertad sin lenguaje?

    • Las elecciones, en efecto, pueden ser rápidas, e incluso no conscientes. Continuamente las está haciendo nuestro cerebro. Nuestro comportamiento básico está autorregulado, no conscientemente. En el momento en que aparece la consciencia, tenemos la impresión de que podemos elegir nuestras metas. Es una impresión en cierto modo engañosa, porque después de los descubrimientos neurológicos de Libet sabemos que la decisión de hacer un movimiento se ha tomado antes de que seamos conscientes de que la tomamos. La libertad es un proyecto de liberación, en el que intentamos dirigir nuestro comportamiento -incluso nuestro comportamiento no consciente. Me explico. El aprendizaje clásico de las virtudes era un esfuerzo voluntario de automatizar conductas virtuosas. El aprendizaje del autocontrol comienza con la “obediencia” del niño las órdenes ligüísticas de su cuidador. Posteriormente, interioriza esta relación y se da órdenes a sí mismo. La paalbra interior aparece así como freno, y como dirección. Los niños impulsivos carecen de esta mediación lingüística. Al hablar de la voluntad -como órgano de la decisión- se pueden identificar cuatro etapas, en cada una de las cual el lenguaje interior cumple una función. La primera etapa es la detención del impulso (que viene de la inteligencia generadora). El interés para bloquear el impulso está en poder juzgar si es adecuado o deliberar otras alternativas. Tambien el lenguaje interior interviene. Lo mismo sucede con la decisión, y con el mantenimiento del esfuerzo. El lenguaje interior no es necesario cuando las conductas se automatizan. Y no necesita ser un “lenguaje formado”, sino el uso de signos, es decir, el antecedente de la palabra, que poseen también los niños mudos. (Y que al parecer no tienen los niños sordociegos, hasta que no lo aprenden)

      • Por completar lo de Libet:

        El Neurólogo Álvaro Pascual-Leone, que dirige el Centro de estimulación cerebral no invasiva de Harvard creo. Hizo un experimento que relato de memoria porque no encuentro la referencia, así que los detalles no serán precisos.
        Colocaba a un sujeto ante una decisión del tipo apretar el pulsador rojo o el pulsador verde. Lo curioso es que con técnicas de estimulación cerebral no invasiva inducía la decisión en el individuo y éste invariablemente tenía la impresión de ser dueño de la decisión cuando en realidad era el neurólogo quien decidía. Recuerdo que contaba Pascual-Leone cómo la persona objeto del experimento describía a veces que tomaba una decisión y en el último momento la cambiaba ‘para engañar al doctor’.

        • También hay experimentos de inutilización del cuerpo calloso en los que el sujeto responde a un estímulo presentado al hemisferio derecho. Su hemisferio izquierdo intenta buscar una explicación “coherente” aún sin consciencia del estímulo presentado. Eso no quiere decir que su hemisferio derecho, que también le pertenece, no haya deliberado, sólo que el episodio no se ha hecho consciente.

          • Jasaspski, vuelves a mencionar el tema de las “evaluaciones no conscientes”. Gran parte de las evaluaciones las hacemos de esa manera. Pueden también tomar decisiones, entendiendo por tales la elección de una alternativa. El problema es que ese proceso de decisión es opaco. No no conozco las razones de esa decisión. El yo consciente no puede considerarlo suyo, porque se le impone como un dolor de estómago, o como la aceleración cardiaca cuando corro. Parece conveniente distinguir aquellas deliberaciones en las que puedo saber por qué decido una cosa en vez de otra. Una persona tiene miedo a subir a un avión. Pero sabe que es un miedo no justificado puede tomar la decisión de subir al avión a pesar del miedo. Esta en condiciones de tomar una decision mas inteligente, y a eso es a lo deberíamos denominar libertad.

            • Hay gente que tiene una habilidad muy grande para calcular. Su amplia experiencia con los números les hace descomponer, por ejemplo, una multiplicación, en otras varias más simples y después ensamblar el resultado. El proceso es casi automático y “opaco” como dices, pero en ningún caso el que calcula es otro que el sujeto, no es algo impuesto desde fuera. A veces, ese proceso produce un resultado que “se siente mal”, lo examinamos y vemos que es incorrecto. En todo el proceso hay mucha actividad inconsciente, pero también hay una monitorización consciente. Cuando yo tengo un miedo irracional, también es mío. Quizás no pueda decidir dejar de sentir miedo, pero puedo actuar en contra de la emoción o entrenarme (aproximación gradual al estímulo, ..) para dejar de sentirlo. Ulises decidió taponarse los oídos para no sucumbir a los cantos de sirena. Siempre hay un margen de actuación, varias posibilidades.

              • En efecto, hay personas con una formidable capacidad de calcular. Esos cálculos los hacen automaticamente algún modulo matemático configurado en el cerebro. Un caso especialmente extraño es el de lo idiots savants. Son personas débiles mentales que tienen sin embargo una habilidad especial, por ejemplo, para calcular en que día de la semana cae cualquier fecha de cualquier año. Un gran matemático -Alfred N.Whitehead- que escribió con Russell los Principia mathematica, escribió: “La civilización avanza ampliando el numero de operaciones importantes que podemos realizar sin pensar e ellas”. En los libros que he escrito sobre pedagogía insisto en que la gran tarea de la educacion es ayudar al niño a que eduque su inconsciente (la inteligencia generadora) y también, por supuesto, la inteligencia ejecutiva.

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