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El ejemplo perfecto del bucle prodigioso: El lenguaje

Considero el lenguaje como un caso claro de creación de la inteligencia que altera radicalmente las posibilidades de la inteligencia. Lo que creamos, nos crea. El mundo simbólico actúa sobre el sistema neuronal del que procede y al que cambia. Ha permitido que el ser humano amplíe el control sobre la propia conducta. Nos ha hecho más libres porque gracias al lenguaje dirigimos nuestro comportamiento. Me interesa el lenguaje como manifestación del “bucle prodigioso”, pero también como forma de comunicación y aprendizaje, y como “tecnología del Yo”. Quiero poner a examen, además, las que considero las funciones del habla interior. Si Hölderlin aseguraba que poéticamente habita el hombre la Tierra, yo puntualizaría que lo hace lingüísticamente.

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