Un máster en másteres

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Las decisiones sobre lo que hay que estudiar y dónde conviene hacerlo son importantes y arriesgadas, dado que el tiempo y el dinero son bienes escasos. Por eso, aparecen iniciativas para asesorar en esa elección. Además, la terminología educativa se ha complicado mucho y es difícil navegar en ella. Por ceñirme a la universitaria, hay licenciaturas, diplomaturas, grados, posgrados, doctorados, másteres universitarios oficiales (homologados por el Espacio Europeo de Educación Superior), másteres universitarios no oficiales (títulos propios) y másteres privados. Podemos decir que hemos entrado en la cultura del master, y que todo el mundo va a tener que engancharse a ella.

Nos interesa comprender el fenómeno, para actuar de la manera adecuada. Hay dos motivos para este aumento de oferta educativa. El primero es que en una sociedad competitiva basada en el conocimiento, hay que rellenar el currículum con títulos para ser visible entre la multitud. Este procedimiento está perdiendo fuerza porque la misma abundancia de títulos disminuye su relevancia. Si para ser empleado de la administración de correos -cartero- se exhibe un Máster en Administración de Empresas, hay que concluir que un máster puede llegar a tener sólo un efecto umbral, como antes lo proporcionaba tener el Graduado escolar, Hace unos días tuve una reunión con los directores de recursos humanos de algunas de las multinacionales con implantación en España. Todos coincidían en que cada vez tenían menos importancia los títulos y más lo que sabían hacer realmente. Me gustaría que los universitarios entendieran que necesitan cuidar su currículum extra académico. En vez de dedicar su muro en Facebook a expandir su ego adolescente (no es una errata) les convendría pensar que a sus futuros empleadores les va a interesar, más que los títulos, la información que han dejado en ese formato a lo largo del tiempo: sus intereses, los libros que han leído, las conferencias a las que han asistido, sus comentarios sobre temas académicos, su modo de tomar decisiones.

El segundo motivo para hacer un máster ya no es conseguir un título que aportar, sino aprender. Este tema es extraordinariamente interesante desde el punto de vista personal y social. Estamos entrando en la «era del aprendizaje acelerado y permanente». La cultura del master se prolonga con la omnipresencia del coaching. El aprendizaje es el modo que la naturaleza tiene para adaptarse al ambiente.  En el caso humano, cuando el entorno era muy estable, los oficios o las profesiones se aprendian en la juventud y bastaban algunas  ajustes para que sirvieran durante toda la vida.  Piensen en un herrero, un agricultor, un contable, o un arquitecto; o un maestro.  Pero cuando el entorno cambia vertiginosamente, la única prosibilidad de sobrevivir es aprender con mucha rapidez y constantemente. Esta es nuestra situación. Vamos a tener que aprender a lo largo de toda nuestra vida. La frecuencia con que aparecen palabras que comienzan por re lo indica: reinventarse, reprogramarse, resetearse, renovarse, repensar, regenerar. El mundo laboral cambia sin parar. En un artículo reciente, los profesores de Oxford C.B.Frey y M.Osborne calculan que el 47% de los empleos en Estados Unidos están en peligro de ser sustituidos por robots. El Financial Times comenta que algoritmos informáticos pueden empezar a formar parte de los consejos de administración. Las grandes empresas tecnológicas que están apostando fuertemente por entrar en el negocio de la educación (IBM, Cisco, Microsoft, Samsung, Apple, etcétera) trabajan para dotar a cada niño de un tutor informático que le acompañe.  Ray Kurzwel, en este momento efe de ingenieros de Google, defiende una «ley de la aceleración tecnológica», lo que dicho en términos coloquiales significa que lo que antes pensábamos que iba a tardar 50 años en suceder, va a ocurrir en 10. Y lo que proyectábamos para 10 está sucediendo ya. La realidad le ha dado la razón.

Cuando explico a adultos que van a tener que seguir aprendiendo siempre, percibo un sentimiento de desolación. Parecen decir: «iEntonces nunca voy a poder estar tranquilo!». A todos se nos ha contagiado la mentalidad de opositor: trabajar como un forzado durante un periodo de tiempo, para asegurarse así una situación acomodada, es decir, cómoda. Esa posibilidad está en crisis. El enfoque trágico deriva de una idea equivocada de lo que es «aprender». La mayor parte de la gente lo relaciona con el museo de los horrores psicologícos; estudiar, aburrirme, recordar, repetir, opositar, ser evaluado, estresarme. Para sobrevivir tenemos que recuperar la pasión de aprender. El estudio es al saber como el entrenamiento a la destreza deportiva. Un trámite que puede ser molesto, pero que resulta indispensable. Esto intentamos fomentarlo desde la infancia, en nuestros programas de la Universidad de Padres www.universidaddepadres.es   y en los programas para docentes, que han de convertirse en expertos en aprendizaje. Pero la pasión de aprender debe extenderse durante toda la vida.

Las empresas se han dado cuenta de que hemos entrado en la era del aprendizaje. En los últimos años me he dedicado a estudiar lo que llamo inteligencia compartida, es decir, la que emerge de las interacciones entre inteligencias. En especial me interesaron las relaciones de pareja -un ejemplo de inteligencia o falta de inteligencia compartida- y la inteligencia de las organizaciones. Inevitablemente me encontré con el concepto de learning organizations, de organizaciones que aprenden. Ahora ya no se habla sólo de Investigación y Desarrollo, sino de Learning and development (L&D). Una muestra del cambio es la aparición en el mundo de las grandes empresas de un nuevo cargo, que está muy arriba en la estructura jerárquica: el Chief Learning Officer (CLO). Su misión es gestionar el aprendizaje de la organización, dirigir la estrategia de la empresa para que sus empleados aprendan lo necesario, de acuerdo con los proyectos corporativos. Es un cargo dificil, porque exige competencias muy variadas. Tiene que conocer bien las capacidades de la compañía, estar al tanto de cómo se mueve el entorno, y averiguar las destrezas necesarias para competir. El Chief Learning Officer suele informar directamente al consejero delegado y, a veces, a otro cargo de nombre llamativo Chief Talent Officer. Otros conceptos como High-Impcict Learning Organizations (HILO) van en esta misma línea. Las universidades americanas -por ejemplo la de Pensilvania- tiene ya un doctorado en CLO.

Creo que la oferta educativa va a ampliarse más todavía gracias a internet. Experiencias como la Open University lo demuestran. Aparecerán mini másteres bien concebidos, ultraespecializados y rápidos, (y espero que baratos) que cada persona podrá mezclar a su manera. Para tener algo especial que ofrecer en un competitivo mundo laboral, debemos ayudar a nuestra gente joven a que diseñe su propio perfil profesional.  Las carreras estándar preparan para la homologación, no para la diferencia.  Me gustaría ayudar a mis ex alumnos a que diseñen ese currículum personal, que puede hacer más transitable su futuro.

El Mundo. 18 de junio 2014

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