Invitación a la sociedad del aprendizaje

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En el Foro Económico Internacional organizado por Expansión hace unas semanas, el expresidente González se preguntaba cómo poder gobernar en tiempos de incertidumbre. Le respondí que la única solución era aprender continuamente. No estaba siendo original. Carol Dweck, psicóloga de Stanford, conocida por sus estudios sobre la inteligencia, decía lo mismo en la Harvard Bussiness Review: “el antídoto para nuestro angustioso tiempo de incertidumbre es la “mentalidad de aprendizaje”. The Economist en un análisis de la situación laboral titulado ‘Lifelong learning. How to survive in the age of automation”, da la misma respuesta: los individuos tienen que aprender continuamente, y también las instituciones, las empresas y la sociedad en su conjunto.

Josep Stiglitz, premio Nobel de Economía, lo dijo de manera contundente en su libro Creating the Learning Society y lo ha vuelto a repetir en su reciente People, Power and Profits: Progressive Capitalism for an Age of Discontent: (1) El éxito en potenciar los niveles de vida, tanto en las sociedades desarrolladas como en las que “están por debajo de la frontera” requiere la creación de una sociedad del aprendizaje. (2) Los gobiernos deberían centrarse en los elementos que permiten hacerlo. (3) Algunas de las políticas tradicionalmente defendidas por los economistas lo impiden. El motor del desarrollo es la productividad, y productividad quiere decir “aprender a hacerlo mejor”. Ya en 1962, otro Premio Nobel. Kenneth Arrow (“The Economic Implications of Learning by Doing”) observaba que a producir, innovar e invertir se aprende. La conclusión a la que llega Stiglitz es halagadora para los que nos dedicamos a la educación: la productividad va unida a la innovación y esta al aprendizaje, por lo tanto, comprender los procesos de aprendizaje y las políticas que lo fomentan “debería encontrarse en el núcleo del análisis económico”.

Las naciones empiezan a tomarse en serio el tema. Canadá ha publicado: Towards a Learning Society, Learning Economy: An Action Plan for Canada. El Reino Unido ha hecho lo mismo con The Learning Age, a renaissance for a New Britain, Australia ha tomado medidas en este sentido, y también China, Japón, Corea del Sur o Singapur. En Francia François Tadei ha propuesto Un plan pour construire une societé aprennante, y la OCDE ha recomendado ese cambio en Knowledge Management in the learning Society.

Tuvo gran éxito la iniciativa “Ciudades educadoras”, aunque creo que por fallos metodológicos no tuvieron la eficacia que merecían.

Las empresas también han comprendido la necesidad de aprender. Como escribe Eric Schmidt, que fue director ejecutivo de Google, la estrategia de esta empresa es contratar “versatile learning animals”, las grandes empresas sienten fascinación por los “knowmads”, y valoran más la “learnability”, la capacidad y gusto por aprender. Esto no afecta solo a los empleados, también las empresas tienen que convertirse en “organizaciones que aprenden”. En algunas de ellas existe un importante cargo que suele depender directamente del Director General: Chief Learning Officer, el Director de aprendizaje, encargado de planificar lo que la empresa debe aprender para sobrevivir. Esto es necesario para cumplir con la Ley Universal del Aprendizaje, que dice: “Toda persona, institución, empresa o sociedad para sobrevivir necesita aprender a la misma velocidad a la que cambia el entorno; y si quiere progresar, a mas velocidad”.

El objeto de este artículo es intentar convencer al mundo económico y empresarial para que presione al gobierno para que lidere un “Acuerdo nacional para la sociedad del aprendizaje”. El nonato pacto educativo -que siempre se ha visto en realidad como un “pacto escolar”-  ha quedado desfasado. Necesitamos algo más potente que implique a la sociedad entera. Es evidente que una parte importante tiene que realizarla el sistema educativo básico, pero uno de los problemas endémicos que tenemos en España es que se mueve en compartimentos estancos: la enseñanza primaria no se habla con la secundaria, esta con la universidad, la universidad con el mundo laboral, la formación profesional navega como puede, y no tenemos sistemas organizados de reciclaje y actualización del conocimiento. Hablamos mucho de cómo atraer y retener talento, cuando lo importante es generarlo.

De eso se trata, de organizar un movimiento de generación del talento. Hay muchas iniciativas que se pueden emprender, para las que podríamos encontrar financiación en los Fondos para formación europeos. Lo que hace falta es inteligencia organizadora y ganas. Un ejemplo. Canadá organizó el “Canadian Learning Institute” para que informara de las investigaciones sobre aprendizaje. Ahora sabemos que tendría que ser sobre aprendizaje de las personas, de las organizaciones, y de las sociedades en su conjunto. Un esplendido panorama. Las empresas se han gastado enormes cantidades de dinero en planes de formación inútiles. ¿No les vendría bien tener una institución que evaluase esos programas? Vamos a recibir el tsunami de los potentes sistemas de inteligencia artificial ¿cómo debemos domesticarlos?

Cada vez que hay un cambio de gobierno pido, sin ningún éxito, que el Ministro de educación (o Ministro para la sociedad del aprendizaje) debería tener la categoría de vicepresidente, porque sus competencias son transversales: Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología, Empleo, Bienestar Social, Industria, Sanidad. Veo con nostalgia los tiempos en que Educación dependía del “Despacho del Fomento General del Reino”. ¡Que estupendo título! De eso se trata, de estimular la creación intelectual, ética, artística, económica del Reino. Ahora el Ministerio de Fomento se encarga de las obras públicas. ¿Se les ocurre una obra pública mas importante que la sociedad del aprendizaje?


Publicado en Expansión, 25/11/2020

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