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Episodio 4x10

¿Tiene usted un inconsciente fascista?

Cuarta temporada: Destapando la gran estafa

El fascismo no es solo un fenómeno histórico, sino una manifestación de lo que he denominado «fracaso de la inteligencia social». Se centra en cómo las emociones colectivas y la renuncia a la responsabilidad individual permiten el auge de sistemas autoritarios.

Hay que relacionar el éxito de los regímenes fascistas con una actitud pasiva de la sociedad, con una “pereza democrática”. El fascismo prospera cuando el ciudadano prefiere delegar su libertad y responsabilidad en un «líder salvador» para que le solucione los problemas, evitando así el esfuerzo que requiere la deliberación democrática.

Se podría describir el fascismo como un sistema que moviliza pasiones primarias (miedo, odio, orgullo nacionalista) para anular el pensamiento crítico. El antídoto es la «inteligencia crítica», la única capaz de frenar el dogmatismo y la sumisión.

Llamar a alguien «fascista» o «comunista» de forma indiscriminada es hoy un síntoma de crispación política y un «insulto perezoso» que sustituye a la argumentación.

En «La Vacuna contra la insensatez» propongo fortalecer la educación ética y ciudadana para evitar que la sociedad vuelva a caer en los mecanismos psicológicos que permitieron el ascenso de los fascismos en el siglo XX.

Recuerden: Todos podemos caer en él. De buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. Precaución.

Atribuciones:

  • Cabalgata de las Walkirias”R. Wagner. Dir. Miguel Roa
  • «Nessun dorma» – Brian Jagde. Opera «Turandot» de Giacomo Puccini
  • Entradilla y cierre: «The Comedy»de plaincask
  • Música de fondo: «The Comedy»de AudioAgent

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Ep4x10: ¿Tiene usted un inconsciente fascista?
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Únete Un comentario

  • Roberto dice:

    Fascismo es un concepto muy controvertido, pues se utiliza en general, hoy, para señalar toda opción política que contenga muy marcados principios y valores adjudicados tradicionalmente a la derecha: la defensa de la propiedad privada, la defensa de las tradiciones, la práctica religiosa, la cultura del esfuerzo, el valor del mérito, el principio de autoridad, la exaltación del orden social, la responsabilidad y el compromiso individual, y la defensa de la razón frente a la justificación basada en sentimientos. Pero, claro, esto no es fascismo, ni de lejos. Quiero recordar que el fascismo es una derivación de postulados marxistas, como la negación del individuo en aras del Estado, ese mismo Estado preconizado por la izquierda y creado bajo la dictadura del proletariado, tal como lo plantea el filósofo del fascismo italiano Giovanni Gentile. Esta desviación del término ha llevado a mucha gente a confundir el apelativo. Así, se dice, por ejemplo, que Javier Milei es un fascista, al mismo tiempo que se guarda culto democrático a Juan Domingo Perón. Nada más lejos de la realidad, dado que Javier Milei adopta una visión filosófica-política-económica que nace en las entrañas de la “Escuela austriaca” y que propone límites al sobredimensionamiento del Estado, en favor de la soberanía individual a través de la propiedad privada y el libre mercado. Es decir, Javier Milei es un ultraliberal, algo diametralmente opuesto a los postulados fascistas. Por el contrario, El pensamiento peronista establece que los objetivos individuales han de supeditarse al interés colectivo, amparado por el Estado. La filosofía peronista plantea una doctrina nacionalista popular con base sindical, los mismos principios que inspiraron el fascismo de Benito Mussolini, quien fuera anteriormente socialista y sindicalista por antonomasia. Por tanto, el fascismo tiene que ver mucho más con todos aquellos que exaltan lo grupal frente a lo individual, que preconizan una supuesta justicia social para negar derechos individuales, que se victimizan para reclamar derechos especiales contra el derecho general que asiste a todos los ciudadanos. El fascismo tiene que ver, evidentemente, con el autoritarismo, pero no con la autoridad Lo digo, porque ahora se confunden intencionadamente ambos términos, que nada tienen que ver. El fascismo y el populismo van de la mano, una práctica que compromete tanto a opciones de la derecha como de la izquierda y que en estos momentos es absolutamente transversal a la práctica política general. En conclusión, el mejor antídoto contra el inconsciente fascista es el conocimiento y el pensamiento crítico, hoy más que nunca, dado que a cualquier ventana política que uno se asome, subyace en todas un poso fascistoide.

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