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Episodio 4x02

La democracia gatuna

Cuarta temporada: La gran estafa

El virus de la pereza mental nos aboca a la irracionalidad humana, que nos convierte en marionetas. “En un mercado saturado de informaciones, una mente distraída y que debe decidir deprisa estadísticamente tiende a adaptar creencias falsas”.

La economía, la política, la religión y las redes sociales contribuyen a debilitar al sujeto. En palabras deEl Roto, se resumen en: “Os ofrezco soluciones para mis problemas”.

Como dice Daniel Innerarity, el problema de la democracia es que para funcionar bien necesita buenos ciudadanos que no es capaz de producir, porque el sistema político favorece la aparición de ciudadanos teledirigidos, emocionalmente fervorosos y con la capacidad crítica sedada.

El debilitamiento de las personas y el embate contra nuestra capacidad crítica son las luchas que tenemos que acometer para no caer en la desidia y crear sujetos crédulos que se retroalimentan con la información que los refuerza a costa de la verdad.

Atribuciones:

  • “Cambalache” – Enrique Santos Discépolo
  • “Malos Tiempos para la Lírica” – Golpes Bajos
  • “Rabo de Nube” – Silvio Rodríguez
  • Entradilla y cierre: «The Comedy» de plaincask
  • Música de fondo: «Lazy fat cat» de StanNau

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https://d3ctxlq1ktw2nl.cloudfront.net/staging/2025-9-31/410326231-44100-2-a141c6d484284.m4a
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Episodio 4x02: La democracia gatuna
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Únete Un comentario

  • No creo que los procesos civilizatorios modernos hayan aportado nada respecto a la altura moral del ser humano en términos de valores éticos y convivencia social. ¿Transcurridos miles de años, la democracia liberal que nos hemos dado ha superado, acaso, los valores impulsados por los presocráticos o por las viejas religiones como el taoísmo, el confucionismo, budismo o cristianismo?. No lo creo. ¿Acaso los súbditos de los grandes Estados actuales tienen en el fondo más libertad real que los de los grandes imperios de antaño?. Tampoco lo creo, porque no debemos confundir la libertad aparente con la libertad real. Hoy hay mucha más libertad aparente, pero la misma libertad real.
    El Estado del bienestar contribuye de forma decidida a esta pérdida de libertad real, en la medida en que trata en todo momento de infantilizarnos. Nos impide el acceso a nuestras propias soluciones para resolver nuestros propios problemas. Se comporta como una madre excesivamente protectora, pero al mismo tiempo excesivamente posesiva, que no deja que los ciudadanos vuelen por sí solos y se desprendan de esa condición permanente de «súbditos del Estado». Sí, es cierto, la libertad entraña riesgos, pero en ese cambio de libertad por seguridad respecto al Estado, el individuo sale perdiendo, porque el Estado siempre actúa de parte.
    No existe la información perfecta. Toda información va acompañada de sus sesgos. Tampoco podemos confiar en que pueda haber una información ética, dado que la información se ha convertido, bien en un producto de venta y consumo, bien en una herramienta de adoctrinamiento y persuasión. Informarse bien en estos tiempos es contrastar fuentes de información y conocer los intereses que pueda haber detrás de esas fuentes, así como la elección de los temas y la mayor o menor amplificación de los mismos.
    En resumen, somos como peces nadando en aguas revueltas y es responsabilidad de cada individuo reubicarse una y otra vez adecuadamente en este carrusel sin fin de incansable agresividad. La vida de cada persona pertenece exclusivamente a esa persona, para bien y para mal, y esa pertenencia es intransferible, por más que el Estado trate de decir lo contrario. Insisto una vez más, el Estado siempre actúa de parte.

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