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Episodio 4x09

Hacia una inteligencia resuelta

Cuarta temporada: Destapando la gran estafa

La vida presenta problemas y tiene que resolverlos para sobrevivir.  Pero son necesidades limitadas – sobrevivir y reproducirse- y los problemas surgen de como satisfacerlas en un entorno del que depende y que es provisor pero también puede ser peligroso. La inteligencia humana expande estas necesidades heredadas y se convierte en una generadora de necesidades, deseos, expectativas incansables. No solo intenta resolver los problemas que le plantea la realidad, sino que también los que imagina y proyecta. Esta inacabable tensión hacia un fin deseado pero inexistente todavía es lo que denominamos búsqueda de la felicidad. Una huida de lo que se tiene para buscar otra cosa. Todos los problemas surgen de ese dinamismo.

Creo que deberíamos fomentar una «actitud heurística», un talento para resolver problemas. No se trata de un prag­matismo de vía estrecha, sino de un impulso expansivo y ascendente. Para animar a ese cambio de actitud, en esta web quiero demostrar que todas nuestras actividades, incluidas las más creadoras, se comprenden mejor cuando se detecta en ellas un esquema común: un problema blo­quea el impulso hacia una meta y el agente busca una sali­da, una solución. De esto se ocupa el enfoque heurístico de la historia.

Bienvenidos a “Objetivo: la inteligencia resuelta

Atribuciones:

  • “For Positive Classic” – alexbird
  • “Positive Classic” – ArtArea_Studio
  • Entradilla y cierre: «The Comedy»de plaincask
  • Música de fondo: «Funny Comedy»de AudioAgent

Acceso al podcast

https://d3ctxlq1ktw2nl.cloudfront.net/staging/2026-1-5/417515373-44100-2-0c429973e494a.m4a
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Ep4x09: Hacia una inteligencia resuelta
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Únete Un comentario

  • Roberto dice:

    Comparto absolutamente la idea de que en el trasfondo de toda disciplina que busca el conocimiento hay una componente heurística, esencialmente filosófica. Lo que no tengo claro es que ese impulso que nos empuja a una búsqueda incansable del conocimiento pleno, inalcanzable, sea subsidiario de la inteligencia humana, tal como se sugiere. El hecho de que la imaginación humana se sustente en necesidades, deseos y expectativas que actúan como motores hacia esa ensoñación mística de felicidad, de sabiduría absoluta, de plenitud, no la convierte en la fuente generadora, el principio inmóvil, de dicha pulsión humana, sino solo en el medio de cómo se manifiesta ese «carácter» preexistente. Todo el conocimiento que podemos alcanzar y más está contenido en la Creación que se «recrea» y que nunca termina. La inteligencia humana pertenece a «lo creado» y, por tanto, también participa en esa «recreación universal infinita».
    Definir la búsqueda de la felicidad como un problema no suena bien a mis oídos. Yo no entiendo la vida como una secuencia de problemas y soluciones, sino como una búsqueda incansable de conocimiento, del por qué y para qué de la vida y de la existencia. La felicidad está precisamente en esa búsqueda que no tiene fin. La felicidad no es una experiencia subjetiva ni un fenómeno psicológico, sino un principio existencial consustancial con la naturaleza humana, tendente a vivir en armonía con la Creación. De ahí, que tampoco tiene sentido, para mí, hablar de «felicidad pública», si lo que se quiere expresar es la idea de una buena convivencia social. «Lo público» no tiene consistencia real, no es un ente concreto, sino imaginario, y por tanto no le corresponden estos impulsos aspiracionales, sino solo a las personas individuales. Solo las personas «felices» pueden generar una convivencia pública en armonía, pero la falta de armonía convivencial no me impide ser feliz. «La serenidad no está en buscar la paz fuera de la tormenta, sino dentro de ella» (Filipenses II).

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