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Episodio 4x11

Por qué soy un fracasado

Cuarta temporada: Destapando la gran estafa

A lo largo de los años, intento averiguar por qué una y otra vez nuestra especie, que progresa económica, científica, técnica y éticamente, sufre frecuentes colapsos éticos, periodos de locura furiosa como los que sufrió el terrible siglo XX. He explorado cómo el «elogio de la guerra» puede influir en ideologías extremas, señalando la necesidad de analizar críticamente la justificación de la violencia.

Tradicionalmente, los tres grandes miedos de la humanidad han sido el hambre, la peste y la guerra. De los tres, la guerradisfruta de una ambivalencia rara. Se la considera una fuente de horrores, de crueldad y encanallamiento, y, sin embargo, con notoria incoherencia, ha ejercido una fascinación tremenda sobre los humanos, que de alguna manera hantemido la paz. 

El poder político está presente en toda la historia y una de sus más puras manifestaciones es la guerra. ¿Por qué los gobernantes pueden querer la guerra? ¿Por qué no hemos sido capaces de acabar con ellas? ¿Por qué en vez de considerarla irracional y repulsiva, hemos tendido a glorificarla,ensalzarla, mitificarla, incluso a hablar de “guerras santas”? Barbara Tuchman, una brillante historiadora, ha identificado cuatro razones de esta “demencia política”: la tiranía, la ambición excesiva, la incompetencia y la insensatez.

Lo que hace atractiva la guerra es que da significado a los esfuerzos. Para que sea atractiva la paz deberá ser capaz de hacer lo mismo.

Abogo por plantear los enfrentamientos como problemas que requieren solución, no como conflictos que buscan la victoria sobre un enemigo.

Atribuciones:

  • Soviet Red Army Military March” – Orchestralis
  • « When Johnny Comes Marching Home Military March» – Orchestralis
  • Entradilla y cierre: «The Comedy» de plaincask
  • Música de fondo: «The Comedy» de AudioAgent

Acceso al podcast

https://d3ctxlq1ktw2nl.cloudfront.net/staging/2026-1-19/418433904-44100-2-317c98d403d7e.m4a
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Ep. 4x11: Por qué soy un fracasado
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Únete Un comentario

  • Jesús Guerrero dice:

    Querido José Antonio Marina:
    He leído, releído, visto y revisado tu último artículo y podcast con tanto interés como los anteriores. Hace tiempo que estoy convencido de que esa claridad y sencillez con que expresas conceptos tan profundos, a veces; tan complicados, otras veces; tan poco conocidos en algunos casos y tan novedosos en otros; digo que estoy convencido de que todo eso no puede ser resultado de la simple sensatez. Seguramente, detrás de cada afirmación, de cada análisis que haces tiene que haber toda una trayectoria de trabajo, de estudio, de leer y escuchar a otros. Detrás de todo lo que dices seguramente hay un proceso personal y una evolución que no se percibe a primera vista, pero que necesariamente tiene que estar ahí. Mira que he dicho “simple sensatez”. Tengo que aclarar que mi concepto de sensatez está muy por encima del sentido común, que tanto predicamento tiene. Lo sitúo, no sé si decir en el escalón previo a la sabiduría o en el primero dentro de ella. Y, sin embargo, tengo la sensación de que clamas en el desierto.
    Seguramente desconoces el arte de persuadir a quien no quiere escuchar. Lo siento; haber nacido dios y no tendrías esa limitación. Cada vez me llama más la atención la gran diferencia que hay entre el interés y las expectativas que la humanidad pone en la ciencia para el progreso técnico y el escaso interés en la ciencia para el progreso social. Diría que ni en la ciencia ni en ningún otro medio para el progreso social. Es verdad que las sociedades progresan, pero como la María de Ricky Martin: “un pasito palante, un pasito patrás”. No hay nadie al volante. La insensatez humana quizá forme parte de su naturaleza. Tú pretendes combatirla, curarla, como si fuera una enfermedad, como si fuera una anomalía. Yo dudo si será una característica de la especie; una de esas “chapuzas evolutivas de que tú hablas”. Si así fuera, la conclusión sería terrible: no tenemos arreglo. Habría que refundar la humanidad. No te preocupes, que no voy a pedirte eso; bastante tienes con lo que haces.
    Tú mismo has investigado para la educación. Y creo que con buenos resultados teóricos, porque en la práctica no hemos tenido ocasión de verlos. Estuvimos a punto de tener un pacto de estado para la educación inspirado por ti. Hiciste las propuestas, hiciste los libros de texto para desarrollarla, hubiera sido una buena ocasión para aplicar los resultados de tus investigaciones, pero nada de eso llegó a concretarse. Hubo un gobierno que lo intentó. Mira que tiene mérito conseguir que un gobierno se interese por la investigación social hasta ese punto. Pero ganó la oposición, con el apoyo de la mayoría social. Entiéndase con ironía lo de que “ganó”, porque creo que perdimos todos. No fallaste tú. Falló la política. Falló el conjunto de la sociedad que elige a los políticos.
    Estamos acostumbrados, demasiado, diría yo, a decir que fallan los políticos. Hemos construido una frontera mental entre ellos y nosotros. El resultado es atractivo, pero pernicioso. Decir que fallan los políticos es una forma de eludir nuestra responsabilidad como ciudadanos. En lugar de plantearnos qué podemos hacer para tener mejores políticos, preferimos echarles la culpa, que la tendrán los que la tengan, no todos. Parece que encontrar culpables es lo prioritario, porque, una vez establecida esta verdad, ya no hay que seguir buscando; no vaya a ser que aparezca lo nuestro. Pero yo quiero hacer hincapié en lo nuestro, lo de los ciudadanos. En una democracia donde podemos elegir a nuestros dirigentes, elegimos a los peores, después los maltratamos y, de esta forma, disuadimos a los mejores la más alta responsabilidad es de la ciudadanía. Es como si llamamos a los bomberos para que apaguen un fuego y, cuando llegan, les tiramos piedras porque consideramos que tenían que haber llegado antes. Claro, que, como decía Concepción Arenal, “cuando la culta es de todos, la culpa no es de nadie”.
    Quizá sea preferible hablar de errores y no de culpas. Porque la idea de culpa conlleva mala fe, y no creo que sea el caso. Además, si fuera posible encontrar a los culpables, ¿qué tendríamos que hacer con ellos? ¿Castigarlos? Cualquier castigo que se les pusiera no resolvería el problema de la educación. Pero es descorazonador comprobar que la mayoría de padres y madres hayan rechazado la posibilidad de dar a sus hijos una cultura política que tanto escasea cuando tanta falta hace. Se dijo que no había que adoctrinar a los niños. Nadie demostró dónde estaba el adoctrinamiento; no hacía falta ni leer el proyecto de ley para manifestarse en contra. Y lo repetían con más ahínco quienes defendían, y siguen defendiendo, el adoctrinamiento religioso. Cualquier adoctrinamiento es rechazable porque supone un obstáculo para el pensamiento libre, para el pensamiento autónomo, no dirigido.
    Hace algún tiempo oí decir a un profesor de la Universidad de Castilla- la Mancha que en el futuro las sociedades más exitosas serían aquellas que tuvieran más implantado el pensamiento libre. Nadie conoce el futuro, pero la afirmación me parece verosímil. Por tus escritos, conferencias y podcast sé que tú también lo crees. Por eso trabajas para demostrarlo, para promoverlo y difundirlo. Tanto el pensamiento crítico, como la inteligencia heurística, como la búsqueda de problemas sociales para resolverlos en lugar de considerarlos conflictos donde vencer, como el uso del conocimiento de la Historia de la Humanidad como fuente de datos para entender el comportamiento humano, y otros planteamientos que tú haces van encaminados a conseguir una ciudadanía de mayor calidad. Si algún día se consigue, sería un hito en la evolución cultural. Seguramente tú no lo conocerás, ni yo. Pero sigues en la brecha. Porque sabes que la Historia está salpicada ideas que en su inicio no interesaron a las masas ni a los grupos dominantes, o incluso las combatieron, y siglos después se han recuperado y desarrollado hasta tal punto que hoy no podemos imaginar las sociedades sin ellas.
    No estás solo en este empeño. Hay otros investigadores que buscan lo mismo. Y unas minorías, no sé si exiguas, que os seguimos y os deseamos éxito. Creo que tu vacuna contra la insensatez no funcionará mientras la humanidad no se vea al borde del abismo; mientras no se asuste de verdad. En momentos así es cuando nos ponemos las pilas. En un momento así se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Hoy parece impensable renunciar a ella, pero creo que, si hubiera que firmarla ahora, no sería posible. Parece que con el paradigma sicópata dominante hace falta que las cosas terminen de estropearse. Porque, mientras podamos seguir tirando, no hay necesidad de rectificar. Pero cuando llegue el abismo, tu vacuna podrá funcionar. Y será conveniente que las generaciones que entonces la reclamen encuentren la parte teórica del trabajo ya hecho. Por eso os deseo suerte a los que estáis en la brecha.
    Y no eres un fracasado, solo has fracasado unas pocas veces, pero vas dejando semillas por el camino.

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