Máquinas Darwin

(El Cultural de ABC)

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La primavera es una niña que canta versos, dijo Rilke. El jardín está hoy lleno de canciones. Escribo – a ratos ganados, que no perdidos– una historia de la jardinería, y repaso las obras de los grandes jardineros ingleses del XVIII, Bridgeman, Capability Brown y Kent. Disfruto, pues, de una primavera duplicada: en mis plantas y en mis libros. A partir de ahora también podré vivirla en mi ordenador. Peter Bentley, director del Digital Biology Group (University College London), ha escrito un artículo titulado “El jardín donde brota el software perfecto”. Su laboratorio trabaja con programas que crecen, evolucionan, se adaptan o reparan sus propias averías sin necesidad de programador, como si fuesen seres vivos. Son, pues, programas autopoyéticos, que se construyen así mismos.

El asunto no es nuevo, pero le había perdido la pista desde hacía años, cuando estaba muy interesado en lo que Chris Langton llamó ‘Artificial Life’. Era un nuevo paradigma de computación, que intentaba copiar el proceso evolutivo de la naturaleza, construyendo unas “máquinas Darwin”, capaces de producir ocurrencias que luego el ambiente seleccionaría. Tienen sólo algunos aspectos de la vida–la capacidad de crecer, de realizar intercambios con el medio ambiente, de reproducirse–, pero, sin embargo, sólo son simulacros electrónicos de vida. ¿Cuál es la diferencia?¿Qué define a la verdadera vida? ¡Estos científicos siempre están planteándonos problemas a los filósofos! Me impresionan sus alardes de computación, pero gracias a ellos todavía admiro más a los humildes ajos que ya están desde el subsuelo inspeccionando el aire con sus verdes antenas, en mi huerta.

Me he llevado una gran alegría al leer un artículo de Lynn H.Caporale, publicado en ‘New Scientist’. Sostiene que hay que admitir que las mutaciones genéticas no pueden ser aleatorias. Al parecer, hay evidencias claras, en organismos tan diversos como los humanos y las bacterias, de que el genoma contiene información que permite las mutaciones en ciertas áreas, y las prohíbe en las demás. “En cierto modo, el ADN podría haber ‘aprendido’, a través de la selección natural, que era una ventaja tener una alta tasa de mutaciones en ese determinado punto”. De aquí saca una conclusión llamativa. “El hecho de que el genoma pueda contener más información de lo que imaginábamos, debería influir en nuestras decisiones sobre la ingeniería genética. y, a un nivel filosófico, si el genoma puede aprender acerca del mundo, tal vez deberíamos considerar que tiene inteligencia”. Mis lectores se darán cuenta de que me pongo muy pesado al hablar de las propiedades de la materia,  de la inteligencia inconsciente, y de la necesidad de un mecanismo que explique la evolución, pero es que el asunto me intriga mucho. Caporale añade algo más: “Deberíamos aproximarnos al genoma no como ingenieros, sino como aprendices. Después de millones de años de evolución, seguramente tiene mucho que enseñarnos sobre la supervivencia”.

Los esquimales inouit y yo somos viejos amigos. Me he referido con frecuencia a ellos porque, según los expertos, son un pueblo que nunca se enfada, y en un mundo consumido por la violencia y la agresividad parece importante descubrir su secreto. Pero hoy no voy a hablar de los inouit sino de una de sus divinidades: Sedna, la diosa del mar.  El caso es que los científicos de la NASA han descubierto un nuevo planeta del sistema solar, el décimo, y le han puesto ese nombre: Sedna. Es sorprendente la tenacidad con que el hombre, en todas las civilizaciones, ha estudiado el firmamento. El cielo siempre ha sido un símbolo sagrado y es explicable que las mitologías hayan dejado en él su huella. La Vía Láctea se llama así porque la mitología griega explicaba su origen de una manera familiar y doméstica. La diosa Juno estaba amamantando a su bebé, que rehuyó el pecho, y unas gotas de la leche divina cayeron en el firmamento y formaron la constelación. No sé si Sedna ha sido un planeta franco o uno esquivo. Hay planetas que se ven a simple vista, y otros cuya existencia se infiere a partir de fenómenos inexplicados. Por ejemplo, Neptuno se detectó a partir de su acción sobre Urano, en un prodigio de cálculo. Sea como sea Sedna, fácil o difícil, démosle la bienvenida al Sistema Solar.

He estado en Sevilla, para participar en un Congreso sobre Averroes. Fue un ilustrado avant la lettre. Sostuvo que la religión iba por un lado y la ciencia por otro, que había que respetar ambos dominios, pero que cuando se enfrentaban había que rendirse ante la razón científica. La ciencia árabe fue espléndida, pero el mundo musulmán la abandonó. Fue un desastre para todos. Mi admirada Fátima Mernissi afirma que el problema del Islam es que no pasó su propia Ilustración. Recuerden que fue una protesta contra el dogmatismo. “Atrévete a pensar” fue su lema. Los musulmanes deberían recuperar a Averroes, el grande.

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