Los expertos y la educación. Una respuesta a Luis Garicano

(El Confidencial)

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Uno de los objetivos de esta sección es intentar situar la educación en el primer plano de la agenda política. En especial en esta larga etapa preelectoral que nos aguarda. Situarla realmente y no meramente “de boquilla”. Todos los políticos hablan con trémolos retóricos de la educación, para postergarla cuando pasan a los hechos. Por eso, para animar al debate, procuraré comentar las propuestas que hagan los partidos políticos. Luis Garicano ha publicado un artículo en El Confidencial que plantea un tema importante. ¿Está internet convirtiéndonos a todos en expertos? Pone como ejemplo que un abogado joven puede igualar a uno con muchos años de experiencia gracias a la información que ponen a su disposición los índices jurídicos que hay en internet. Sucede lo mismo a un ingeniero que tiene a su disposición algoritmos de cálculo que le eximen de saber calcular estructuras.

Una separación tajante

Me interesa lo que dice Garicano porque es un economista profundamente interesado por la educación y porque parte de su obra científica se ha dedicado a la gestión del conocimiento. Sus trabajos sobre la ‘jerarquización’ del conocimiento en una empresa gozan de gran reputación. Separa, a mi juicio demasiado tajantemente, la función ‘informativa’ de la función ‘comunicativa’ de las nuevas tecnologías. Sostiene que el fácil acceso a redes de conocimiento muy bien estructuradas nos iguala a todos, mientras que el uso de redes comunicativas resalta la jerarquía de los nuevos expertos, que pueden gracias a ellas dirigir grandes equipos.

Parece que el verdadero experto es el que diseña Internet y sus programas y los demás se convierten en peones de pico y pala informatizados

Creo que tiene razón al decir que no vale la pensar cargar la memoria con cosas que se encuentran con facilidad. Estoy seguro de que los nuevos sistemas de Inteligencia Artificial pueden suplir muchas de las funciones intelectuales que ahora parecen exclusivamente humanas. De hecho, ya lo hacen. Esto plantea a la educación la tarea de redactar nuevos currículos especificando lo que el alumno debe guardar en su memoria y lo que puede encontrar en internet. Incluso, como mi equipo intenta hacer en el ‘proyecto Centauro’ del que ya les he hablado, tendremos que animar a que cada alumno diseñe la parte de memoria personal que se implementará en formato electrónico. Una diferencia fundamental en los nuevos currículos la proporciona el actual énfasis en las ‘non cognitive skills’en las destrezas no cognitivas, puestas de manifiesto por un colega de Garicano, el premio Nobel de Economía James Heckman. Esas forman parte del uso real de la inteligencia y no se reducen a información. Pero incluso dentro de las destrezas cognitivas debemos precisar los conocimientos ‘llave’ que nos permitirán comprender y valorar lo que podemos encontrar, y que deben estar en la cabeza de las personas.

Un nuevo platonismo

A veces, Garicano da la impresión de que concibe la inteligencia individual como una especie de ‘lector universal’ capaz de manejar la información que está en la red de la misma manera que un ordenador lee lo que dice o escribe otro ordenador. No sabe lo que dice, pero lo usa. Me recuerda la postura de Bill Gates en su libro ‘Los negocios en la era digital’Afirmaba, muy sensatamente, que el sistema informático era el “sistema nervioso” de una organización, y luego se preguntaba, ¿dónde reside la inteligencia, en el individuo o en el sistema informático? Acababa diciendo que en el sistema.

La conexión profunda se hace desde el conocimiento y no desde la electrónica

Tengo tantas dudas sobre esto que sigo pensando que “un burro conectado a internet sigue siendo un burro”, y que la utilidad de internet depende del talento que tenga quien esté delante de la pantalla. Se está extendiendo en el mundo educativo la idea de ¿para qué voy a aprender lo que puedo encontrar?, y esta actitud produce inevitablemente un desplome intelectual. El verdadero experto es el que diseña internet y sus programas. Los demás pueden convertirse en peones de pico y pala informatizados. Solo desde lo que está incluido en la memoria individual puede aprovecharse lo que está contenido en ese reservorio universal y al alcance de todos que es internet. Las nuevas tecnologías han reavivado el platonismo. Platón consideraba que todo el conocimiento estaba contenido en el mundo de las Ideas y que el conocimiento humano aparecía cuando el alma entraba en contacto con ese mundo ideal. El problema estaba en saber cómo conseguía establecer ese contacto. El nuevo platonismo admite que todo el conocimiento está en la red, y el problema educativo es similar al platónico: cómo entrar en contacto con él. La facilidad de la conexión electrónica produce un espejismo. La conexión profunda se hace desde el conocimiento, y no desde la electrónica.

La educación es, fundamentalmente, la construcción de la memoria individual y de sus habilidades. Por cierto, el magnífico ‘The Cambridge Handbook of Expertise and Expert Performance’dirigido por K. Anders Ericsson, insiste también en la relación entre la ‘expertise’ y la memoria individual.

Uno de los objetivos de esta sección es intentar situar la educación en el primer plano de la agenda política. En especial en esta larga etapa preelectoral que nos aguarda. Situarla realmente y no mera

mente “de boquilla”. Todos los políticos hablan con trémolos retóricos de la educación, para postergarla cuando pasan a los hechos. Por eso, para animar al debate, procuraré comentar las propuestas que hagan los partidos políticos. Luis Garicano ha publicado un artículo en El Confidencial que plantea un tema importante. ¿Está internet convirtiéndonos a todos en expertos? Pone como ejemplo que un abogado joven puede igualar a uno con muchos años de experiencia gracias a la información que ponen a su disposición los índices jurídicos que hay en internet. Sucede lo mismo a un ingeniero que tiene a su disposición algoritmos de cálculo que le eximen de saber calcular estructuras.
Una separación tajante
Me interesa lo que dice Garicano porque es un economista profundamente interesado por la educación y porque parte de su obra científica se ha dedicado a la gestión del conocimiento. Sus trabajos sobre la ‘jerarquización’ del conocimiento en una empresa gozan de gran reputación. Separa, a mi juicio demasiado tajantemente, la función ‘informativa’ de la función ‘comunicativa’ de las nuevas tecnologías. Sostiene que el fácil acceso a redes de conocimiento muy bien estructuradas nos iguala a todos, mientras que el uso de redes comunicativas resalta la jerarquía de los nuevos expertos, que pueden gracias a ellas dirigir grandes equipos.
Parece que el verdadero experto es el que diseña Internet y sus programas y los demás se convierten en peones de pico y pala informatizados

Creo que tiene razón al decir que no vale la pensar cargar la memoria con cosas que se encuentran con facilidad. Estoy seguro de que los nuevos sistemas de Inteligencia Artificial pueden suplir muchas de las funciones intelectuales que ahora parecen exclusivamente humanas. De hecho, ya lo hacen. Esto plantea a la educación la tarea de redactar nuevos currículos especificando lo que el alumno debe guardar en su memoria y lo que puede encontrar en internet. Incluso, como mi equipo intenta hacer en el ‘proyecto Centauro’ del que ya les he hablado, tendremos que animar a que cada alumno diseñe la parte de memoria personal que se implementará en formato electrónico. Una diferencia fundamental en los nuevos currículos la proporciona el actual énfasis en las ‘non cognitive skills’, en las destrezas no cognitivas, puestas de manifiesto por un colega de Garicano, el premio Nobel de Economía James Heckman. Esas forman parte del uso real de la inteligencia y no se reducen a información. Pero incluso dentro de las destrezas cognitivas debemos precisar los conocimientos ‘llave’ que nos permitirán comprender y valorar lo que podemos encontrar, y que deben estar en la cabeza de las personas.
Un nuevo platonismo
A veces, Garicano da la impresión de que concibe la inteligencia individual como una especie de ‘lector universal’ capaz de manejar la información que está en la red de la misma manera que un ordenador lee lo que dice o escribe otro ordenador. No sabe lo que dice, pero lo usa. Me recuerda la postura de Bill Gates en su libro ‘Los negocios en la era digital’. Afirmaba, muy sensatamente, que el sistema informático era el “sistema nervioso” de una organización, y luego se preguntaba, ¿dónde reside la inteligencia, en el individuo o en el sistema informático? Acababa diciendo que en el sistema.
La conexión profunda se hace desde el conocimiento y no desde la electrónica
Tengo tantas dudas sobre esto que sigo pensando que “un burro conectado a internet sigue siendo un burro”, y que la utilidad de internet depende del talento que tenga quien esté delante de la pantalla. Se está extendiendo en el mundo educativo la idea de ¿para qué voy a aprender lo que puedo encontrar?, y esta actitud produce inevitablemente un desplome intelectual. El verdadero experto es el que diseña internet y sus programas. Los demás pueden convertirse en peones de pico y pala informatizados. Solo desde lo que está incluido en la memoria individual puede aprovecharse lo que está contenido en ese reservorio universal y al alcance de todos que es internet. Las nuevas tecnologías han reavivado el platonismo. Platón consideraba que todo el conocimiento estaba contenido en el mundo de las Ideas y que el conocimiento humano aparecía cuando el alma entraba en contacto con ese mundo ideal. El problema estaba en saber cómo conseguía establecer ese contacto. El nuevo platonismo admite que todo el conocimiento está en la red, y el problema educativo es similar al platónico: cómo entrar en contacto con él. La facilidad de la conexión electrónica produce un espejismo. La conexión profunda se hace desde el conocimiento, y no desde la electrónica.
La educación es, fundamentalmente, la construcción de la memoria individual y de sus habilidades. Por cierto, el magnífico ‘The Cambridge Handbook of Expertise and Expert Performance’, dirigido por K. Anders Ericsson, insiste también en la relación entre la ‘expertise’ y la memoria individual.

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