La vida artificial

(El Cultural, Diario de un curioso)

Imprimir

Todo va demasiado deprisa y los temas se amontonan en mi mesa. Esto es no vivir. El mundo científico está lleno de novedades y sorpresas. En realidad es el mundo el que lo está. No nos habíamos repuesto del susto provocado por el hallazgo del Homo floresiensis, nuestro minúsculo primo, cuando se anuncia el descubrimiento del antepasado común de los grandes monos antropomorfos y del hombre. Mi entusiasta felicitación a Salvador Moyá y su equipo. Supongo que es imposible decir, por el momento, si se ha descubierto un género nuevo o una especie nueva. Estas noticias nos demuestran que la evolución fue más compleja y variada de lo que pensábamos. El dinamismo de la naturaleza, como el mecanismo de la inteligencia, parece aburrirse con la rutina y las causalidades lineales. Se reinventa una y otra vez. La evolución biológica y cultural demuestran esta creatividad, entre maravillosa y turulata. Marcel Godellier acaba de recoger sus investigaciones sobre la plural invención de los parentescos en su libro Métamorphoses de la parenté, recién aparecido en Fayard.

Las analogías entre las pautas biológicas y culturales han hecho siempre las delicias de los investigadores del Instituto de Santa Fe, especialistas variopintos en complejidad. Uno de ellos, Chris Langton, acuñó hace años la expresión “vida artificial”, para designar la vida simulada dentro de un ordenador. Otros investigadores lo siguieron. En 1990, Tom Ray consiguió desencadenar un dinamismo evolutivo dentro de su computadora. Un sencillo “organismo”     –un pequeño programa informático de ochenta instrucciones– se reprodujo, mutó y evolucionó hasta producir una diversidad de descendientes. Se lo comunicó a Langton por telegrama: “En mi ordenador ha emergido un sistema ecológico”.

Esos sistemas que se auto-organizan son sólo simulaciones de vida. Pero ahora podemos hablar de “vida artificial” en sentido no metafórico. Craig Venter, el hombre que dirigió la investigación privada sobre el genoma humano, pretende sintetizar organismos vivos. Está recorriendo el mismo camino en dirección contraria. La investigación sobre el genoma descomponía la arquitectura de un organismo en sus ladrillos genéticos. Lo deconstruía. Ahora quiere constituir nuevos organismos con esos ladrillos. En noviembre de 2003 anunció que su equipo había conseguido replicar sintéticamente un virus. Eligieron uno que sólo infecta a las bacterias y no a los seres humanos. Pero todavía se discute si los virus son seres vivos o no. En cambio, las bacterias lo son, sin duda alguna. Pues bien, Venter pretende ahora construir una bacteria. Lo que le interesa es comprobar si esta “biología sintética” puede dar origen a una tecnología importante y revolucionaria.

Los esfuerzos están siendo coordinados por el Departamento de Energía de Estados Unidos, representado por Ari Patrinos. Patrinos ejemplifica un tipo nuevo de protagonista en el mundo de la ciencia: el gestor de investigaciones. Se hizo famoso en el mundo de la genética por su talento diplomático para conseguir que la investigación pública, financiada estatalmente, y la investigación privada sobre el genoma, es decir, Craig Venter unieran sus esfuerzos. Lo cuenta el Premio Nobel John Sulston en su apasionante libro The Common Thread, que les recomiendo.

Patrinos dirige ahora el programa “genome to life” que busca usos industriales a esa ingeniería bacteriana. Está particularmente interesado en dos tipos de aplicaciones: la producción de energía y la lucha contra la polución. Algunos organismos generan hidrógeno como subproducto de sus actividades. Otros generan metano. Ambos son combustibles aprovechables. Respecto a la polución, muchas bacterias son capaces de eliminar metales pesados venenosos para organismos más complejos, son increíblemente resistentes a las radiaciones y pueden deglutir las manchas de petróleo.

Craig Venter, que es un magnífico vendedor de sus investigaciones, dijo en una conferencia en la que estaba presente Steve Jobs, que la biología se encontraba en una situación semejante a la que estaba la informática cuando Jobs y Wozniak crearon el primer computador Apple. Fue un fantástico alarde de diseño, que aprovechó elementos ya conocidos. Venter cree que la biología puede hacer lo mismo, Utilizar elementos formados por millones de años de evolución para crear organismos nuevos. Algunos investigadores como George Church (Harvard Medical School) van más allá, y proponen un repertorio de conectores estandar para unir los genes en distintas combinaciones. Una vez más, la biotecnología despierta miedos comprensibles. Por eso, Venter, que es más listo que el hambre, ha implicado en su proyecto a un especialista en bioética, Arthur Captan.

Me ha parecido una buena noticia que los investigadores españoles puedan disponer a partir de enero del mayor ordenador de Europa, que será el cuarto más potente del mundo. El Mare Nostrum, construido por IBM y fruto de la colaboración entre el gobierno español, la Generalitat de Cataluña y la Universidad Politécnica de Cataluña, es un buen ejemplo del papel promotor que deben tener las instituciones estatales en asuntos científicos. La investigación avanzada necesita infraestructuras caras. La inversión en infraestructuras nacionales es responsabilidad del Estado. El Mare Nostrum ha costado 70 millones de euros. No se me ocurre mejor manera de gastar ese dinero. So when she manages to topspying.com/ get your phone and starts pressing buttons, it’s because she sees that you give a lot of attention to that little screen and wonders what’s so interesting about it

© Todos los derechos reservados - Texto legal