La Responsabilidad

(La Vanguardia)

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¿Quién es el responsable de lo sucedido?  Esta pregunta nos interesa y a la vez nos estremece a todos, porque plantea los problemas más hondos de la psicología y de la moralidad. ¿Cómo calibrar la influencia genética, la casualidad, y la elección? A todos los enamorados nos irrita pensar que conocimos a la persona amada por casualidad.

¿De qué parte de mi vida soy responsable? Durante cientos de años la pregunta se respondió con una simplicidad que hoy nos parece bárbara. Para hacer responsable a alguien de algo no se tenía en cuenta ni el conocimiento ni la intención, sino sólo la causalidad física. Por eso se consideraba que los animales eran responsables de sus actos y podían ser juzgados. Se conservan las actas del juicio llevado a cabo en un pueblo suizo contra los ratones que se comían las cosechas. Tuvieron abogado defensor y todas las seguridades jurídicas del momento. Al final fueron condenados a abandonar el territorio inmediatamente, excepto las hembras embarazadas, alas que se dio dos semanas de plazo para hacerlo. Lo que no dicen las crónicas es si la sentencia se cumplió.

El tema de la atribución de responsabilidad es un sentimiento que aparece en los niños a los cinco o seis años, y está ligado a la idea de culpabilidad. Si el sentimiento es adecuado –no siempre lo es– sólo puedo sentirme culpable de los actos de los que soy responsable. No sucede lo mismo con la vergüenza, que se puede sentir por algo que no depende de la voluntad de quien la siente, por ejemplo, un defecto físico. Hay personas que tienden a hacerse responsables de las cosas que hacen, y otras que atribuyen la responsabilidad, y por lo tanto la culpa, a factores externos.

¿A qué grupo pertenece usted? Este rasgo de personalidad se relaciona con las ideas políticas. Las ideologías conservadoras insisten en la responsabilidad individual, mientras que las socialistas enfatizan la responsabilidad exterior. La cultura europea, sobre todo por influencia cristiana, defendió durante muchos siglos la idea de la responsabilidad individual. Cada persona es responsable ante Dios de su comportamiento. Es fácil entender que en este contexto penitencial se acogiera como una liberación la idea de que no somos responsables de nuestras acciones, bien porque el inconsciente nos manda, bien porque los genes nos determinan, bien porque la culpa la tienen siempre los demás.

Ejemplificaré esta situación con tres chistes. En una viñeta en The New Yorker, una mujer testifica ante el tribunal y dice: “Es verdad, mi marido me pegaba por la infancia que tuvo; pero yo le maté por la infancia que tuve yo”. En otra viñeta se leen los indicadores del ascensor de un centro de salud mental: “Primera planta: culpa de la madre. Segunda planta: culpa del padre. Tercera planta: culpa de la sociedad”. En una tercera viñeta, antes de comenzar un juicio, el abogado defensor da los últimos consejos a su cliente, de aspecto patibulario: “Cuando le pregunten por los asesinatos que cometió, diga que fue educado siguiendo las directrices del doctor Spock, y que se encomienda a la clemencia del tribunal”. El doctor Benjamin Spock fue el pediatra más influyente en la historia de EE.UU., y durante muchos años recomendó que se diera a los niños una educación muy permisiva.

¿Somos responsables de lo que hacemos o no lo somos? Contestaré la próxima semana… si es que soy responsable de mis actos.

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