La Religión

(Tiempo)

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Cuando se ve con una distancia suficiente nuestra larguísima historia, puede afirmarse que las religiones han tenido un papel fundamental en la evolución de la humanidad.

La elección de un nuevo Papa anima a reflexionar sobre el papel de las religiones en las sociedades laicas. Lo que suceda en la Iglesia católica no resulta indiferente para nadie, porque es una institución con una influencia todavía muy grande en el mundo. Mil doscientos millones de personas son oficialmente católicas. Es difícil hablar de religión sin caer en un maniqueísmo pasional. De la religión pueden decirse toda suerte de horrores y toda suerte de bondades. Cuando se ve con una distancia suficiente nuestra larguísima historia, puede afirmarse que las religiones han tenido un papel fundamental en la evolución de la humanidad. A estas alturas, todos nos sentimos ilustrados y miramos con ojos críticos los desmanes que las religiones han perpetrado. Pero esa es la espuma de la historia. El homo sapiens sapiens apareció hace unos 200.000 años, como una rama destacada del grupo de los homínidos. Nuestros orígenes son humildísimos. Pero esa balbuceante especie tenía una inteligencia peculiar, capaz de ir más allá de lo percibido. Disponía de lo que he llamado “el bucle prodigioso”. Podía imaginar cosas, hacer proyectos y aprestarse después a hacerlos realidad.

En este enérgico esfuerzo por apartarse de la animalidad, nuestros antepasados pensaron en la existencia de otro mundo, más poderoso, del que el nuestro era solo una imagen o un símbolo. El concepto de “dios” servía para pensar esa realidad distinta, que de rebote daba más importancia a la realidad de aquí. Posteriormente, ese ser todopoderoso se pensó como un ser bueno y justo. Este es un momento importante de la evolución humana. Hasta tal punto que podríamos definir al ser humano como el animal que fue capaz de concebir la idea de Dios. A partir de ese momento había un ideal con el que compararse, al que aspirar. Apareció la figura de un legislador universal al que debían someterse los poderes terrenales. Las primeras leyes, por ejemplo las babilónicas, aparecían siempre fundadas en la autoridad de un dios.

Cada religión articuló su código moral, que elevó la feroz condición humana. ¿Por qué deberíamos tener compasión de los enemigos? ¿Por qué no imponernos por la fuerza? La gran influencia religiosa fue moral, aunque las iglesias acentuaron el elemento dogmático. Pero los dogmas separan, mientras que la bondad une. De la figura del nuevo papa me interesan solo dos cosas: fue presidente de Cáritas –que es bondad no dogmática–, y se ha querido llamar Francisco, que no fue un teólogo. Podría ser una buena señal.

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