Justicia entre generaciones

()

Imprimir

d23a6a81a6066cac1b209023e6b2a519
He participado en el Foro de Foros sobre el futuro inmediato de España, que se acaba de celebrar en La Granja, con el patrocinio de El Confidencial y la participación de numerosas personalidades españolas y extranjeras. Fui el encargado de coordinar uno de los grandes bloques: el de educación. La peculiaridad de esta reunión era su carácter intergeneracional. Se habló de política, de economía, de trabajo, del Estado del bienestar, y en todos esos campos el futuro tiene un papel relevante. Pero respecto a la relación entre generaciones, la educación ocupa un puesto especial. Su función es precisamente transmitir a las generaciones nuevas lo que las generaciones viejas consideran importante para el futuro de la sociedad.

Esto –que no ha planteado graves problemas a lo largo de los siglos– resulta un tarea muy complicada en la actualidad. La aceleración de la historia puede dejar obsoletas no sólo muchas técnicas, sino muchas formas de pensar, de sentir, de relacionarnos, de convivir. La experiencia que tenemos de que todo va muy deprisa nos encierra en el presente. Tener que tapar las goteras impide rehacer el tejado. Daniel Innerarity, uno de nuestros más lúcidos pensadores políticos, en su libro El futuro y sus enemigos, critica la tiranía del presente a la que está sometida la política actual, condicionada en parte por el frenesí de los resultados a corto plazo del mundo económico. Diez años antes de la crisis lo estaban ya advirtiendo muchos observadores, pero no sirvió para nada.“Después de mí, el diluvio” es el lema de especuladores y tiburones financieros. Los vendedores de hipotecas en EEUU cobraban por el número de hipotecas vendidas, con independencia de que después pudieran cobrarse o no.

Cambio acelerado, incertidumbre, complejidad y ambigüedad son las características del mundo para el que tenemos que preparar a nuestros chicos y chicas

La educación, sin embargo, no puede vivir solo en el presente, porque tiene que anticipar el futuro, lo que es cada vez más difícil. Vivimos en lo que empieza a denominarse “entorno VUCA”, palabra compuesta con las iniciales de volatilityuncertaintycomplexity ambiguity. Cambio acelerado, incertidumbre, complejidad y ambigüedad son las características del mundo para el que tenemos que preparar a nuestros chicos y chicas. Y esto supone ayudarles para que adquieran las competencias necesarias, que son muy especiales. Pero, además, creo que en España los profesionales de la educación tenemos otro objetivo: plantear el tema de la “justicia intergeneracional”. Este fue el tema que me interesó plantear en el “Foro de Foros”.

La “justicia entre generaciones” tiene dos sentidos, evidentemente. Uno es hacia las generaciones pasadas: los hijos deben cuidan de los padres. El otro es de los padres hacia sus hijos, y, más allá de ellos, hacia las generaciones futuras. Este es el tema que afecta directamente a la educación. ¿Estamos siendo justos con las nuevas generaciones? ¿Tenemos algún proyecto que ofrecerles?  En España, según los datos de Eurostast, el 37,2 % de los jóvenes entre 24 y 35 años vive aún con sus padres. En Dinamarca solo el 1,8% y en Finlandia, Suecia y Noruega menos del 5%. En nuestro país parece haberse roto un pacto implícito entre jóvenes y sociedad: si el joven cumplía su obligación de formarse, la sociedad cumpliría la suya de facilitarle la realización de su proyecto personal. Ahora, el mensaje que les estamos dando es que van a vivir peor que nosotros, que hay una generación perdida y que no va a haber trabajo para todos. Esto produce respuestas muy variadas, y ninguna buena: un sentimiento de irritación ante la generación anterior (no solo hacia los políticos), un profundo desánimo, y un escepticismo hacia la educación. ¿Para qué me voy a esforzar si no va a servir para nada?

Por eso, creo que desde la educación debemos plantear este tema. Nuestra obligación como docentes no es solo transmitir las pautas culturales, sinodefender a nuestros alumnos. Somos los cuidadores del futuro, y por ello debemos estar presentes en todo lo que hable del porvenir. Debemos trabajar por un pacto por la infancia y un pacto por la juventud. Debemos proponer un nuevo “contrato social” entre generaciones que nos permita exigirles más, pero comprometiéndonos a más. Un nuevo pacto que debería ir más allá de las lógicas del corto plazo, porque estas ocluyen o hipotecan el futuro. Y que también debería introducir a las futuras generaciones en el diseño del presente. En el Foro se habló de pensiones, pero eso es pensar sobre el futuro de la generación presente, no sobre las generaciones futuras. Introducir a las futuras generaciones en el debate actual significaría responder a esta pregunta: ¿Cómo debemos organizar el presente para asegurar un buen nivel de vida a las futuras generaciones y la creación de los puestos de trabajo necesarios?

Hay que ser muy cautos al dictaminar la imposibilidad de algo, porque vivimos gracias a presuntas imposibilidades que se realizaron

Esta es la creatividad política y social que necesitamos. Se nos dice que vamos hacia un aumento de la producción sin aumento de puestos de trabajo. ¿Seguro que esto es inevitable? Es verdad que las previsiones sobre creación de empleo basadas en la producción de objetos son muy pobres, porque su fabricación exige cada vez menos mano de obra. El cincuenta por ciento de los puestos de trabajo en las fábricas va a ser ocupado por robots. Es verdad también que no podemos aumentar indefinidamente la producción de objetos por cuestiones energética y ecológicas. Pero si tenemos el suficiente talento podemos crear una gigantesca industria centrada en la calidad de vida, por ejemplo.

En el Foro surgieron dos propuestas para crear empleo. Una la presentóPeridis –que ya ha lanzado iniciativas tan espectaculares como las “Escuelas taller” o las “lanzaderas de empleo”–. Como arquitecto llamó la atención sobre los puestos de trabajo que se crearían si se emprendiera una campaña de “eficiencia energética” en el parque de viviendas español. Gastar dinero en hacer que nuestra casas estén mejor protegidas, las haría más cómodas, mejoraría el medioambiente, y aliviaría nuestra factura energética. A nivel nacional, este ahorro permitiría pagar los gastos de rehabilitación, que, además, producirían un gran número de empleos. La segunda propuesta la hizo Rafael Bengoa, experto en política sanitaria. La prevención sanitaria y el cuidado domiciliario de los enfermos crónicos causarían tres efectos beneficiosos: aumentarían el bienestar de los afectados, producirían un número enorme de puestos de trabajo y disminuirían los gastos sanitarios.

La experiencia nos dice que hay que ser muy cautos al dictaminar la imposibilidad de algo, porque vivimos gracias a presuntas imposibilidades que se realizaron. La “justicia entre generaciones” debería ser uno de los temas de debate en este año hiperelectoral.

 

© Todos los derechos reservados - Texto legal