Elogio de la ancianidad estelar

(El Cultural, Diario de un curioso)

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Los astrónomos tienen gran talento para las expresiones poéticas. Leo un artículo que me deslumbra por su imaginería. El título es llamativo aunque contradictorio. “La muerte de las estrellas comunes”. ¿Puede haber alguna que lo sea? El comienzo es digno de un gran poeta cósmico, como Neruda: “Contra el fondo negro del universo, encendidas desde dentro por estrellas esquilmadas, las nebulosas no nos muestran nuestro pasado, sino nuestro futuro”. Rilke pedía al destino que nos diera a cada uno “nuestra muerte propia”, que no fuera un accidente sino la culminación de una vida. Pues bien, cada estrella muere a su manera, tiene esa muerte propia que suplicaba el poeta. Las de masa muy grande, estallan. Las de arrasa pequeña, se consumen. Las primeras brillan más en su ocaso, pero “sus escombros son turbios y caóticos”. Las segundas, se desvanecen en “la simetría y complejidad de las nebulosas, que son etéreas y pacíficas”.

Todo esto lo tomo de un artículo escrito por Bruce Balick, jefe del departamento de astronomía de la Universidad de Washington, y por Adam Frank, de la Universidad de Rnchester. Me fascina esta poética del conocimiento. La epopeya celestial continúa: “El viento desnuda a la estrella, y descubre su núcleo, aún caliente. Hay un tránsito del naranja al amarillo y después al blanco y por fin al azul. Las estrellas mueren con una simetría esférica”. No me cabe duda: la astronomía tendría que escribirse en verso, como se escribieron las cosmogonías.

A todos los que sientan un estremecimiento estético ante la ciencia, les recomiendo el inaudito libro de Juan David García Bacca Azar y Necesidad, que habla de ciencia apoyándose en la música y el contenido de un poema de Mallarmé; Un coup de des n’abolirá le Hazard. Que yo sepa, nadie ha conseguido contar y cantar como García Bacca la energía creadora que se diversifica en poesía, arte, matemática o física. ‘El Cultural’ ha querido desde su nacimiento recuperar la unidad de la creación humana. Iluminada con luces tan variadas la realidad resulta, además de sorprendente, inagotable.

Las Universidades deberían convertirse en instituciones de garantía social. Necesitamos alguien de quien fiarnos. En este momento se desarrolla en Francia un curioso debate. ¿Debe la Seguridad Social pagar los medicamentos homeopáticos? Las sociedades avanzadas no saben qué hacer con un conjunto de teorías o de prácticas que no acaban de ser rechazadas ni aceptadas. La situación del psicoanálisis es un claro ejemplo. Muy pocas facultades de Psiquiatría integran dentro de sus programas el psicoanálisis como ciencia estricta y rigurosa. En Francia, el gobierno quiere regular el desmadre de las psicoterapias y ha decidido que deben ser validadas por la medicina, pero no se ha atrevido a exigir eso mismo para el psicoanálisis, que ha dejado bajo el control de los mismos psicoanalistas. Un proceder incoherente.

Los medicamentos homeopáticos tienen en España, si no estoy equivocado, un estatuto peculiar. Están sometidos a la misma legislación que las demás especialidades farmacéuticas que establece que deben ser eficaces para las indicaciones terapéuticas para las que se ofrecen (ley 25/1990). Sin embargo, no conozco ningún estudio clínico serio que avale la eficacia de los productos homeopáticos, aunque oigo muchos testimonios de consumidores agradecidos. Lo cierto es que los científicos deberían realizar un trabajo de pedagogía ciudadana, porque mucha gente se siente confundida y sin saber qué pensar. Fenómenos como la hipnosis, la acupuntura, la sofrología son temas incómodos para la medicina. Hace unos días ha aparecido en la prensa nacional un anuncio pagado por los usuarios de los antipsicóticos atípicos, protestando por el visado de autorización que el Ministerio de Sanidad ha impuesto. Algunos representantes del PP se han opuesto a esta medida porque a su juicio perjudica a los pacientes que los necesitaban. Como observador curioso de lo que sucede en la ciencia, me sorprenden estas discrepancias, que en algunos casos son incoherencias palmarias. El departamento de policía de Nueva York consulta a veces a la supuesta parapsicóloga Dorothy Allison, aunque, como ha informado diplomáticamente el ‘New York Times’ sea “difícil saber con exactitud el número de casos que ha resuelto”.

La anatomía de los atletas. En mi último artículo les hablaba de las peligrosas relaciones entre ciencia y deporte, y de la posibilidad de que dentro de unos años compitieran equipos de investigación presentando los atletas creados por ellos. He leído una curiosa información que presenta a dos de los triunfadores en natación como fenómenos morfológicos. Michael Phelps tiene unos brazos excesivamente largos y unas piernas demasiado cortas para su talla. Jonty Skinner, entrenador del equipo americano afirma: Esa es una ventaja considerable porque en el agua las piernas actúan como un freno. Por su parte, lan Thorpey tiene unos pies desmesuradamente grandes, lo que le proporciona un gran impulso. Es de suponer que si hacemos atletas a la medida de cada deporte vamos a tener una asombrosa variedad morfológica en los seres humanos.

 

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