Deudas

(Tiempo)

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No se puede comprender la crisis actual sin entender que la economía se funda en el dinero, y que el dinero es una ficción. Una ficción paradójica, porque crea prosperidad real, pero precaria por lo irreal de su fundamento (el dinero), que produce inevitablemente especulaciones –es decir, espejismos–, burbujas, volatilidades, mercados de futuros, contabilidades creativas, apalancamientos en el vacío. Les contaré cómo nació ese mundo proliferante, peligroso y útil.

El comercio se inició con el trueque, un sistema imperfecto. Era fácil cambiar una vaca por un caballo, pero ¿cómo pagar con la vaca una azada? ¿Cortándole una pata? El dinero resolvió el problema. El valor de la vaca quedaba simbolizado por un material aceptado como moneda, por ejemplo, el oro. Los propietarios de oro comenzaron a depositarlo por seguridad en casa de los orfebres, que entregaban como garantía un recibo –el antecedente de los billetes actuales–. Los propietarios descubrieron que era más cómodo pagar con esos billetes que ir y venir por oro, y este permaneció inactivo en las cajas fuertes de los orfebres, hasta que estos tuvieron una brillante ocurrencia: “Si nadie viene a buscar el oro, ¿por qué no prestamos una parte, por ejemplo, la mitad, a otro cliente y así lo hacemos producir?”. El resto quedaría en casa, por si alguien venía a reclamarlo. Es lo que ahora se llama coeficiente de caja de los bancos.

Todavía muchos de ustedes recordarán que en los antiguos billetes se leía “El Banco de España pagará al portador la cantidad de…”. Era un vestigio de aquella época. La astucia de los orfebres vueltos banqueros obró el milagro evangélico de la multiplicación de los panes y los peces. Hagan cuentas conmigo. Supongamos que el dinero real (el oro depositado en las cajas fuertes) era una tonelada, simbolizada por los billetes que servían para comprar. Si los orfebres prestaban 500 kilos de ese oro, el dinero en circulación aumentaba. Habría 1.500 kilos (1.000 en billetes y 500 en oro). Pero supongamos que ese nuevo cliente depositara los 500 kilos de oro en otro banco, que este le diera su billete correspondiente, y que a su vez prestara la mitad del oro, es decir, 250 kilos. ¿Cuánto dinero había entonces en circulación, es decir, cuánto dinero había para comprar y pagar? 1.000 kilos en billetes del primer depósito + 500 kilos en billetes del segundo depósito + 250 kilos de oro real prestados por el segundo banquero. En total, 1.750 kilos de oro. ¡Pero si solo hay 1.000 kilos reales! ¿Y los otros qué son? Deuda.

Como esa operación se podía repetir una y otra vez, el dinero simbólico se multiplicó, hasta llegar al sofisticado invento de los derivados, que produjo una expansión incontrolada. No es verdad que al mundo lo mueva el dinero. ¡Lo mueve la deuda, es decir, el no dinero! Espero que ahora comprendan mejor que nuestra prosperidad real se basa en una ficción. Por eso es intrínsecamente precaria.

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