Abandonar una Cómoda Mediocridad

(ABC)

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Según los indicadores internacionales, la educación española lleva instalada en la mediocridad desde hace mucho tiempo. No retrocedemos, pero tampoco avanzamos. Propagamos un cómodo discurso pesimista, repitiendo como papagayos frases como «No se puede educar, porque quien educa es la televisión» o «Estudiar no vale para nada, porque el 42% de los jóvenes está en paro». «Alguien tiene la culpa, pero yo no», pensamos todos. Reseñaré en formato twitter los retos más urgentes.

(1) Adoptar un discurso optimista en educación. Se puede educar, sabemos hacerlo y podríamos hacerlo. No podemos escudarnos en la falta de financiación. Sería deseable, sin duda, elevar en un punto del PIB la inversión educativa, pero la calidad de la educación no va automáticamente relacionada con los niveles de inversión, sino con la calidad de la gestión. Mejorar la calidad de la gestión es lo prioritario.

(2) Concienciar a la sociedad de su protagonismo educativo. Como me gusta decir, «para educar a un niño, hace falta la tribu entera» y, en consecuencia, «para educar BIEN a un niño, hace falta una BUENA tribu».

(3) Resolver el fracaso escolar. Estamos en tasas superiores al 30%, cuando la UE advierte que estar por encima del 10% es injusto e insoportable. Podemos conseguirlo en cinco años, si se ponen en práctica políticas técnicamente adecuadas.

(4) Sacar a la escuela fuera de la pugna política e ideológica. Para ello es necesario un Pacto de Estado. Con la educación sucede lo mismo que con la sanidad. El modo de gestionarla depende de decisiones políticas, pero el modo de tratar el cáncer, no. Hay un nivel técnico, un nivel de gestión, y un nivel político. Mezclarlos es un disparate.

(5) Elevar la calidad de la educación. Para ello, hay medidas eficaces y baratas. Formar equipos directivos profesionales, porque los centros necesitan un buen liderazgo. Formar a los profesores y que los profesores nos formemos, porque somos una profesión de élite y eso nos exige mucho. Buscar el apoyo social para elevar el prestigio del profesor, perseguir la excelencia, conseguir un socialismo de las oportunidades y una aristocracia del mérito. Dar mayor autonomía a los Centros y una mayor flexibilidad a los currículos. Fomentar la colaboración entre escuela y familia, porque la familia no puede educar sin la escuela, y la escuela sin la familia. Ayudar, en cooperación con los servicios sociales, a las familias en riesgo de exclusión educativa. Insistir desde la enseñanza primaria en los deberes de los alumnos y no solo en sus derechos.

(6). Ampliar las plazas y la calidad de la educación infantil, dadas las actuales condiciones laborales.

(7) Relacionar la escuela con el empleo. En 2020, el 85% de los puestos de trabajo van a exigir una alta cualificación profesional.

(8) Generalizar la enseñanza bilingüe. No educar bien a nuestros jóvenes es condenarlos a una vida económica y éticamente precaria. Todos estos problemas tienen solución. Y si nuestros gobernantes no los resuelven, hay que tacharlos de negligentes o de incompetentes.
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