Juan Carlos Tedesco

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El análisis que aquí se presenta se basa en diferentes textos escritos por Juan Carlos Tedesco entre los que destacamos como más relevantes:

  • El nuevo pacto educativo. 1995. Anaya. (*Solo se han añadido comentarios del capítulo 9 –el último- de este libro por ser el único que incluye cuestiones relativas a los pactos).
  • ¿Por qué son tan difíciles los pactos educativos? Revista iberoamericana de educación 34(2004), pp. 17-28
  • Ley y pacto educativo: un análisis del caso argentino. Revista de Educación, 344(2007), pp. 101-115

Hemos organizado las ideas de ambos documentos conforme a unas preguntas que hemos intentado que coincidan con algunas de las categorías que consideramos relevantes para el trabajo de análisis documental que estamos realizando.

 

¿Qué es y qué no es/debe ser un pacto de estado en educación?

Introduce una reflexión importante al respecto de qué es y qué no es un pacto cuando indica que “los pactos educativos no pueden ser un fin en sí mismos. En todo caso, serán sólo instrumentos válidos en el contexto de un proyecto social basado en la idea de construir una sociedad equitativa y dinámica”.

Sobre todo en el libro de 1995 incide en la relevancia de la globalidad del pacto. De hacer un análisis, un diseño, un desarrollo, una modificación, una anticipación a futuro, etc. del conjunto del sistema y no de elementos participares. Al final se concretarán en elementos y acciones concretas pero sin perder de vista el conjunto. Se deberá intervenir sobre elementos concretos del sistema educativo con políticas y acciones concretas pero entendiendo las relaciones entre los distintos elementos y la dinámica del conjunto del sistema.

 

¿Por qué un pacto de estado?

Un pacto de estado en educación se justifica como la respuesta necesaria ante “la sociedad surgida de la aceleración de los desarrollos científicos y tecnológicos que encuentra su mejor concreción en la centralidad del conocimiento”.

Sin embargo, el concepto de sociedad del conocimiento que surge a partir de los años 80 (hace ya casi 40 años) parece estar llevando a la generación de “un nuevo tipo de inequidad, con consecuencias más devastadoras que las producidas por el modelo de producción industrial precedente”. Esta idea podría justificar la necesidad de centrarse en anterior al conocimiento que no es otra cuestión que el aprendizaje. El autor, lo que propone es “la necesidad de recuperar para la educación su papel de transmisora de valores de solidaridad, que fundamenten políticas de redistribución tendientes a construir una relación virtuosa entre conocimiento, solidaridad y equidad” y más adelante añade “La evolución social reciente ha permitido apreciar que, en contra de los pronósticos de las hipótesis optimistas sobre las potencialidades democráticas de una economía y de una sociedad basada en la producción de conocimientos, las economías productoras de ideas parecen ser más inequitativas que las que fabrican objetos. Tal como expresa Cohen, la propensión a excluir a los que no tienen ideas es más fuerte que la propensión a excluir a los que no tienen riquezas.”

Otra razón que se dibuja en los textos es la necesidad de que el Estado-Nación recupere su sentido. Tedesco, como muchos otros autores también recientes, ya hace más de década defiende la idea de la crisis de los Estados-Nación en el mundo globalizado y tecnologizado. Su aportación a este respecto es que considera que la capacidad de generar pactos justificaría también su pertinencia al igual que la incapacidad de llegar a pactos reforzaría esa crisis institucional que actualmente se está asentando con respecto al concepto de Estado-Nación.

Los campos donde se pone de manifiesto este déficit institucional de manera más visible son los económico-financieros y los vinculados con riesgos globales tales como el cuidado del medio ambiente, el terrorismo internacional, el narcotráfico, etc. Sin embargo, cada vez más aparecen decisiones de impacto educativo y cultural que no están sujetas a procesos de concertación. En la medida en que la producción cultural se industrializa, las decisiones en esta área se asimilan a resoluciones económicas. Así es como la creciente oferta educativa virtual y las decisiones empresarias sobre software educativo, por ejemplo, se van alejando cada vez más de los procesos de concertación de tipo nacional. […] La falta de confianza aumenta en contextos de extrema pobreza. […] Por esa razón, la subjetividad ha comenzado a ser considerada como una dimensión del comportamiento social y político que debe ser tenida en cuenta para el diseño de dispositivos de procesos de concertación.

 

¿Para qué un pacto de estado en educación?

Y es en este punto donde los pactos en educación juegan un papel fundamental pues, favorecen la “adopción de una forma socialmente significativa de toma de decisiones que consolide la ejecución de aquellas políticas”.

En otro momento (del libro) indica que el pacto posibilita la reforma educativa de forma más sólida. Habla del “pacto como base de la reforma”.

El pacto permite cambios y reformas pero con una base común previamente acordada y respetada por todos los que supone un equilibrio entre lo acordado y la introducción de nuevos elementos que posibilitan también posible revisiones periódicas del pacto. Esto resulta interesante en nuestro contexto español donde valoramos positivamente las políticas estables pero sin embargo en la práctica los cambios de gobiernos van asociados a inestabilidad legislativa: el pacto supone unos acuerdos mínimos estables pero con posibilidad de tomar decisiones diferentes en diversos momentos y, por tanto, también estar abiertos a la revisión parcial del pacto.

El pacto moderniza las relaciones políticas de los ciudadanos y la manera que participar en las tomas de decisiones superando la idea tradicional de democracia y de Estado-Nación.

En síntesis, los pactos son necesarios para enfrentar la dinámica neoliberal o fundamentalista, pero, al mismo tiempo, son más exigentes en términos de articulación entre saber experto y saber lego, en los de superación de visiones particularistas, y en los de significación social de las cuestiones sobre las que los ciudadanos son convocados a pactar.

 

Posiciones críticas antes los pactos de estados / Resistencias y dificultades.

El autor defiende que los pactos son rechazados tradicionalmente por dos grandes posicionamientos:

  • Enfoques neoliberales ya que “las decisiones educativas no pueden someterse a procesos de concertación ni de negociación política, sino que deben ser dejadas a los mecanismos del mercado”
  • Enfoques fundamentalistas autoritarios ya que en ellos “las decisiones son o deben ser tomadas sólo por los que controlan el manejo del aparato del Estado, excluyendo toda posibilidad de pluralismo y de debate”.

Apelar a la concertación implica resguardar la esfera de la política en la toma de decisiones, ya que obliga a cada actor social a discutir y a negociar públicamente sus opciones educativas.

 

¿Cómo gestionar un pacto de estado en educación? Aspectos relativos a la gestión y el procedimiento de actuación

Por una parte, se defiende con claridad que la relevancia social de la educación y su complejidad hacen indispensable la participación de todos los actores sociales: “La educación es un proceso muy complejo, donde la responsabilidad y la autoridad tienen que ser compartidas por los citados actores”.

Por otro lado, se indica que “la continuidad en la aplicación de las estrategias de transformación ha sido reconocida como una de sus condiciones de éxito, y para que exista continuidad –al menos en contextos democráticos–, es necesaria la existencia de un nivel básico de acuerdo y de compromiso de esos actores en su aplicación”.

Se defiende, por tanto, la participación del conjunto de la comunidad educativa en el diseño y, sobre todo, en el desarrollo del pacto. Aunque, también se añade (en el libro de 1995) que la administración educativa debe liderar tres grandes acciones:

  • Determinar los objetivos y las prioridades mediante mecanismos democráticos
  • Definir mecanismos de evaluación de los resultados provisto respecto a los objetivos definidos
  • Implementar mecanismos de compensación en el desarrollo del pacto para la consecución de los objetivos.

 

¿Cómo hacer el seguimiento y la evaluación del pacto de estado en educación?

Sobre este aspecto no se ha abordado nada hasta el momento y en los escritos de Tedesco (sobre todo en el libro de 1995) incide en la importancia de este elemento para conseguir los objetivos y permitir una madurez progresiva de la cultura del pacto, del acuerdo en un país al respecto de la educación.

A este respecto también indica que es esencial que el seguimiento y evaluación (por ejemplo encargado a una comisión concreta) permitan la identificación de nuevos retos y problemas que permitan su anticipación por parte del sistema educativo. Es una idea de gran calado y relevancia: la anticipación.

 

Citas finales de interés (del artículo de 2004):

Tras este análisis corresponde preguntarse si, en efecto, los pactos educativos son posibles. Aunque pueda parecer muy voluntarista, el argumento final de nuestro análisis consiste en reconocer que, si algo es considerado socialmente necesario, tiene que ser posible.

El pacto no es un instrumento válido en sí mismo, sino que constituye un procedimiento consistente con un proyecto social basado en la idea de construir una sociedad equitativa y dinámica.

En tal contexto, concertar políticas educativas es parte de un proceso más general de fortalecimiento de la ciudadanía y de construcción de un orden político democrático.

Desde esa perspectiva filosófico-social, los procesos de concertación democrática son una forma de ejercicio de la solidaridad consciente y reflexiva que exigen las nuevas estructuras sociales.

 

 

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