Pensamiento de José Antonio Marina

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Me gustaría que esta página no fuera el escaparate de un autor, ni de un proyecto filosófico, sino una parte de ese proyecto. He escrito muchos libros, tal vez demasiados, y sobre demasiados temas. Pero los considero fragmentos de un sistema. Cada libro, artículo o proyecto es como la isla de un archipiélago. Parecen independientes, pero son las crestas visibles de una cordillera sumergida.  Aunque el concepto no está de moda, tengo la convicción de que la filosofía, como todo conocimiento científico, tiene que ser sistemático, es decir, coherente, universal y ordenado.

Para mí la filosofía es el estudio de la inteligencia humana, de sus límites, sus posibilidades y sus creaciones. Es, de alguna manera, la reflexión sobre la evolución humana, de la misma manera que la educación es su puesta en práctica. La primera isla del archipiélago es una TEORIA DE LA INTELIGENCIA.  La función de la inteligencia  no es conocer, sino dirigir bien el comportamiento, aprovechando  la mejor información posible, gestionando las emociones, y ejecutando las decisiones. Está, pues, orientada a la acción, y por eso no trata sólo con conocimientos, sino con pasiones; no trata sólo con lo real, sino con lo posible; no sólo tiene que actuar, sino también elegir el mejor modo de  hacerlo. Somos híbridos de naturaleza y cultura, y la filosofía intenta descifrar los mecanismos mediante los cuales la inteligencia crea cultura, y los caminos por lo que la cultura diseña la inteligencia. Este bucle prodigioso nos lanza a una aventura en la que podemos acertar o fracasar, por lo que necesitamos unos criterios que nos permitan orientar nuestra acción.

La inteligencia es inquieta y va continuamente más allá de lo que existe. Anticipa el futuro. Mediante los proyectos descubre posibilidades. La realidad está aún sin terminar, esperando que la inteligencia humana decida qué hacer con ella. Esta es la experiencia básica que ha dirigido toda mi actividad intelectual. Somos seres humildes que anticipamos una grandeza que no sabemos si llegará algún día. Nos mueve una urgencia exploradora, inventora, a veces magnífica y a veces terrible. Sófocles dice de los humanos que son deinon, extraños: “Se dieron a sí mismo el lenguaje, y les acometió una furia constructora de ciudades”. Está siempre en precario, teniendo que decidir entre una vida ascendente y una vida descendente. La filosofía debe ser la estructura conceptual de la vida ascendente. Proyectamos grandes metas y después nos entrenamos para estar en condiciones de alcanzarlas. La CREACION y sus mecanismos ocupan la segunda isla.

La tercera isla trata de la INTELIGENCIA COMPARTIDA. Nuestro cerebro es social y necesita de la interacción con otras personas para desarrollarse.  Después de vivir la emocionante era de la genética, vivimos la no menos apasionante era de la epigenética. El entorno social nos constituye. La inteligencia social produce la cultura que influye en cada uno de nosotros. La cultura es creación compartida, y de la calidad de esa cultura va a depende la calidad del ser humano.

Esa cultura es una manifestación de nuestras necesidades y aspiraciones. Nos revela por ello parte de nuestra naturaleza. Somos seres que pintamos, componemos música, buscamos explicaciones, creamos religiones, inventamos técnicas, planteamos y resolvemos problemas, construimos sistemas políticos y establecemos normas de convivencia. La cuarta  isla es la FILOSOFIA DE LA CULTURA. Su meta es estudiar cómo emergen cada una de esas creaciones de la fuente común que es la inteligencia.

Si la cultura constituye y rediseña la naturaleza humana, la EDUCACION, encargada de la transmisión cultural adquiere una relevancia ontológica: es la encargada de cuidar y dirigir la evolución. Es la vertiente práctica de la filosofía y constituye la quinta isla.

Entre las creaciones culturales hay una que destaca por su grandiosidad. El ser humano es una especie aún no fijada, que está buscando su definición. Somos animales listos que queremos convertirnos en seres dotados de dignidad. La sexta isla es el GRAN PROYECTO ETICO, que no es un mero conjunto de normas, sino una decisión constituyente que nos lleva inevitablemente a la acción, porque sólo se mantiene mientras la mantengamos.

Me gustaría, en primer lugar, que todos ustedes percibieran esta página como un proyecto abierto, en el que puede colaborar añadiendo, criticando, completando. Sería fantástico que la autoría de un sistema filosófico se fuera diluyendo, como sucede en la ciencia. Cuando estudiamos un texto de física los autores de esos conocimientos quedan en un segundo plano, porque lo importante es que sus creaciones se han incorporado al saber universal.

En segundo lugar, un sistema filosófico ha de corroborarse en su capacidad de cambiar la realidad. Por eso, debe desembocar en proyectos prácticos, que tendrán también su reflejo en esta web. Para mi es especialmente sugestivo hacerlo aprovechando las nuevas tecnologías, porque la filosofía tiene que ser un saber hacer de vanguardia y debe estar siempre en la frontera del conocimiento.  Hegel comparó la filosofía con el búho de Minerva: “Levanta el vuelo al anochecer y siempre llega tarde”. No estoy de acuerdo. La filosofía es madrugadora e intenta siempre anticiparse.

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