Un país de aprendices

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El aprendizaje de los ciudadanos durante toda su vida activa es un asunto fundamental para el progreso de las naciones. España no puede quedarse fuera de esta evolución.

Carol Dweck es una psicóloga de Stanford, ampliamente conocida por sus estudios sobre el funcionamiento de la inteligencia. En un artículo publicado en la ‘Harvard Bussiness Review’, afirma que “el antídoto para nuestro angustioso tiempo de incertidumbre es la mentalidad de aprendizaje”. Recientemente, ‘The Economist’ publicó un análisis de la situación laboral, titulando en portada ‘Lifelong learning. How to survive in the age of automation’. La respuesta es clara: los individuos tienen que aprender continuamente, y también las instituciones, las empresas y la sociedad en su conjunto.

El mundo se rige por lo que llamo ‘Ley Universal del Aprendizaje’. Dice así: las personas, las organizaciones, las sociedades, para sobrevivir, tienen que aprender al menos a la misma velocidad con la que cambia el entorno. Y para progresar, a más velocidad. Es una ley implacable, de la que parece que no nos hemos enterado. Carol Dweck y su colega David Yeager, de la Universidad de Texas, han escrito sobre la necesidad de convertir EEUU en “un país de aprendices”, de ‘learners’.

Se suele identificar ‘aprender’ con ‘estudiar’, que es como si confundiéramos ‘salud’ con ‘dieta de adelgazamiento’

El consejo es válido para todas las naciones. “El aprendizaje nunca ha sido tan importante como ahora”, ha escrito Joseph Stiglitz, que no es un pedagogo, sino un premio Nobel de Economía, autor de ‘Creating a learning society‘. Algunos países se lo han tomado en serio. Por ejemplo, Canadá, cuyo Gobierno ha publicado ‘Towards a Learning Society, Learning Economy: An Action Plan for Canada’, o el de Reino Unido, con ‘The learning age, a renaissance for a New Britain’.

Tanto a nivel personal como a nivel social, resulta imprescindible fomentar una cultura del aprendizaje, una pasión por aprender. En España resulta difícil, porque se ha instalado una mentalidad de opositor. Trabajo mucho para ganar una plaza en propiedad, que me permita vivir después tranquilamente. No van a funcionar así las cosas, en un mundo acelerado. Los puestos ‘en propiedad’ son ya un residuo arqueológico de un mundo burocratizado.

Foto: iStock.

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Otro obstáculo para la ‘educación permanente’ es que se suele identificar ‘aprender’ con ‘estudiar’, que es como si confundiéramos ‘salud’ con ‘dieta de adelgazamiento’. Lo valioso es la salud, lo otro no pasa de ser una molesta condición. En todas partes se buscan métodos para animar a continuar la formación a lo largo de la vida, incluso con desgravaciones fiscales. Dave Paunesku y Sarah Gripshover (Stanford) han estudiado cómo se podría animar a los adultos a ampliar su formación profesional. Encontraron dos ingredientes clave: conocer la disponibilidad de trabajos atractivos, y entender que se podían adquirir las capacidades necesarias para realizarlos. En España, entregar la gestión de los Fondos para la Formación a empresas y sindicatos no ha sido buena idea.

Programas a medida

La mentalidad de aprendizaje supone una actitud de curiosidad, la estimulante experiencia de ‘estar progresando’, un sentimiento de autoeficacia, que amplía las capacidades para aprender. Uno de los objetivos educativos actuales es, precisamente, fomentar esta mentalidad. Lo importante no es que nuestros alumnos aprueben, lo importante es que, además, sepan que van a tener que estar aprendiendo toda su vida, no solo laboralmente, sino personal, política, afectiva, técnicamente. En educación secundaria, y, sobre todo, en la formación de tercer nivel, necesitamos fomentar que los alumnos tomen la dirección de su propio aprendizaje. Una manera de hacerlo es ayudándoles a elaborar sus planes personales de aprendizaje (Personal Learning Plans).

La sociedad del aprendizaje está aquí. España, que perdió el tren de la Ilustración y el de la industrialización, no puede perder este último

Las titulaciones —los grados— van a ser una condición indispensable, pero inútiles para encontrar trabajo. Cada persona va a tener que diseñar su propio perfil de formación. Esto puede provocar situaciones muy injustas, no solo por las diferencias económicas de acceso a esas líneas de formación sino, sobre todo, por la falta de información para tomar las decisiones adecuadas y aprovechar las oportunidades que existen. La existencia de potentes departamentos de orientación —tanto en la enseñanza secundaria como de tercer grado— resultan imprescindibles.

Pero no basta. Hay que fomentar a todos los niveles la mentalidad de crecimiento, la cultura del aprendizaje. Necesitamos una universidad permanente que se ocupe de los sistemas académicos de actualización formativa. Muchas empresas están organizando sus propias instituciones educativas, sus universidades corporativas, que contribuyen también a este cambio de cultura. La sociedad del aprendizaje está aquí ya, y no podemos ignorarlo. España, que perdió los trenes de la Ilustración y la industrializaciónno puede perder este último tren.

Espero que la comisión del Congreso para preparar un pacto educativo esté al tanto de lo que sucede en el mundo real, y no pierda el tiempo discutiendo si son galgos o podencos. Tengo poca confianza. En temas tan complejos, el método de comparecencias, en que decenas de personas van a contar sus impresiones, no vale para nada. Lo que hace falta es que aporten documentos, bien informados, razonados, con propuestas, para que la comisión los estudie con el detenimiento necesario. Para colaborar al advenimiento de la sociedad del aprendizaje, nuestros políticos también tienen que adquirir una pasión por aprender.

El Confidencial, 18 de julio de 2017

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