Estado de emergencia educativa: Rehabilitación de la memoria

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Se vaticina un ‘salto evolutivo’ en la educación acerca del concepto de la tan importante memoria operante, pero aún no sabemos qué o quién será el trampolín

Todas las naciones están en estado de emergencia educativa. Existe el convencimiento de que hemos entrado en la ‘sociedad del aprendizaje‘, y nadie sabe cómo organizarla. Se extiende la idea de que la pedagogíaactual no está en condiciones de dar soluciones. Dos expertos tan reputados como Michael Barber y Peter Hill han escrito: “Incluso los sistemas educativos más eficientes dan muestras de que el sistema está agotado”. Se vaticina un ‘salto evolutivo’ en la educación, pero no sabemos qué o quién va a actuar como trampolín. No es de extrañar que ante este panorama, muchas voces se alcen pidiendo unarefundación de la pedagogía y un cambio radical en la escuela, o incluso su desaparición. Las grandes compañías tecnológicas quieren convertirse en los nuevos grandes agentes educadores, sin que sepamos lo que esto puede depararnos. En tal situación de incertidumbre, se multiplican las propuestas, programas, modelos, sugerencias, innovaciones, que están inundando el mundo educativo.

Oímos con frecuencia: “No hay que aprender cosas de memoria”. Y es tan disparatado como decir “no hay que jugar al tenis con el sistema muscular”

Con la humildad y la tenacidad necesarias para hacerlo, el Equipo Up que dirijo está revisando las centenares de iniciativas educativas que ruedan por el mundo, intentando organizarlas, sistematizarlas y, a ser posible, evaluarlas. En el ‘Libro blanco de la profesión docente’, que elaboramos por encargo del Ministerio de Educación hace más de un año, y que posiblemente dormirá en algún cajón, recomendábamos la creación de un Consejo pedagógico del Estado, encargado de:

  1. Estudiar las innovaciones educativas internacionales más eficientes y evaluarlas.
  2. Recoger, evaluar y difundir las mejores prácticas realizadas en nuestro país, identificando a los mejores docentes.
  3. Servir como institución de garantía social, informando a la sociedad de los más importantes temas educativos que afectan a su presente y van a influir en su futuro.

Mientras el Estado se decide a hacerlo, hemos comenzado nosotros. De ese análisis destacan dos acontecimientos especialmente relevantes: la recuperación de la voluntad y la rehabilitación de la memoria como facultad del aprendizaje. La voluntad, tras haber sido oscurecida durante más de medio siglo por el concepto de motivación, ahora retorna con el nombre de ‘funciones ejecutivas’, es decir, aquellas con las que el cerebro se controla a sí mismo. En el modelo anterior, era el ‘motivo’ el que controlaba la acción. Es, a mi juicio, el cambio más importante que está sucediendo en el mundo educativo, a cuyo estudio se dedica la cátedra Inteligencia ejecutiva y educación, en la Universidad Antonio de Nebrija, que dirijo junto con Carmen Pellicer. Es un tema en que tenemos estupendos especialistas en España, entre ellos mi buen amigo Joaquín Fuster, en la Universidad de Los Ángeles, Javier Tirapu, en el Hospital de Navarra, y María Rosario Rueda, en la Universidad de Granada.

Lo que distingue a un experto de un principiante es que posee una memoria estructurada de manera diferente que le permite hacer otras cosas

La segunda novedad tiene que ver con la memoria. Todavía oímos con frecuencia la expresión “no hay que aprender las cosas de memoria”. Eso es tan disparatado como decir “no hay que jugar al tenis con el sistema muscular”. ¿Con qué se va a aprender si no es con la memoria, que es el órgano del aprendizaje? En España, tan boba afirmación aporta como gran argumento la inutilidad de “aprender la lista de los reyes godos”. ¿Por qué no ponemos el ejemplo de aprender un idioma, aprender a resolver ecuaciones diferenciales, o que un neurocirujano conozca con precisión las estructuras del cerebro? ¿Tampoco hay que aprender esas cosas ‘de memoria’? Lo que distingue a un experto de un principiante es que posee una memoria estructurada de manera diferente, que le permite percibir lo que otros no perciben, comprender lo que otros no comprenden, y hacer lo que otros no saben hacer. Parte importante de nuestros métodos pedagógicos no tiene éxito porque, como escriben Kischner, Sweller y Clark en ‘Why Minimal Guidance during Instruction Does Not Work: An Analysis of the Failure of Constructivist Discovery, Problem-Based, Experiential, and Inquiry Based Teaching, Educational Psychologist‘, se basan en una idea anticuada de la memoria.

Una parte importante de la educación consiste en enseñar a los alumnos a construir bien su propia memoria y a saber usarla

Uno de los cambios mas notables en la idea de memoria es el auge del concepto de ‘memoria operante’ (‘working memory’). Es la que gestiona el ingreso de la información en la memoria a largo plazo y la que activa la información guardada para aplicarla a la tarea en curso. Cuando leemos, la memoria operante está manteniendo un resumen constantemente modificado de lo ya leído, que nos permite comprender lo que estamos leyendo en ese momento. Hay niños —o adultos— incapaces de comprender lo que leen porque su memoria operante no es capaz de elaborar y mantener lo que acaban de leer, que va desapareciendo en la sima sin fondo del olvido. También hay niños —y adultos— que no saben recuperar lo que tienen en la memoria, bien porque tienen una memoria inerte, o bien porque las informaciones han sido guardadas tan desordenadamente que la memoria operante no acaba de encontrarlas. Una parte importante de la educación consiste en enseñar a los alumnos a construir bien su propia memoria y a saber usarla.

Las investigaciones nos ofrecen una sorpresa agradable. La memoria operante, la que se encarga de la gestión de la memoria, de su organización y de su uso, es una función ejecutiva, con lo que las dos grandes novedades en el ámbito del aprendizaje que mencioné al principio se unen. Creo que esto nos permitirá eliminar muchas de las incertidumbres que angustian al mundo educativo. Estamos en el buen camino.

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