¿Quién representa a los docentes?

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En España no han tenido nunca gran relevancia pública los colegios profesionales de docentes, una herramienta necesaria para garantizar la verdadera función de la profesión.

La respuesta parece evidente: los sindicatos. Y, sin duda, es verdad. El papel de los sindicatos en la lucha por los derechos humanos ha sido trascendental en la historia de la humanidad. Pero su función es defender los derechos laborales de sus representados, con toda la firmeza y eficacia posible. Y hacen bien, a la vista de la facilidad con que muchos empleadores se olvidan de sus deberes. Pero la profesión docente es algo más que un puesto de trabajo. Es una tarea complicada, esforzada y difícil, que exige un perfeccionamiento continuo, una permanente vocación de excelencia. Procurarla no es una específica función sindical, como no lo ha sido proporcionar Formación Profesional, aunque en los últimos años lo hayan hecho en España. Es como si un sindicato de médicos fuera el encargado de proporcionar formación clínica. Deslindar las misiones es una buena operación lógica.

Me gustaría que la representación de los docentes fuera más allá de lo meramente laboral, porque las condiciones de trabajo no cubren su contenido

En el reciente documento de la OCDE ‘La educación en perspectiva 2015.Haciendo posibles las reformas’, se dedica un capítulo a la importancia que lasasociaciones profesionales de docentes deben tener en todo cambio educativo. Algunas asociaciones de profesores de los países miembros de la OCDE proporcionan o pretenden proporcionar un desarrollo profesional de calidad a sus miembros y también ofrecer páginas web que les permitan mantener el contacto y compartir experiencias. Ejemplos de estas actuaciones se dan en Estados Unidos, Canadá, Australia, Noruega y Reino Unido. Las asociaciones de profesores también asumen papeles de liderazgo al establecer los estándares de enseñanza, un ejemplo de este papel sería el Consejo Nacional de Estándares de Enseñanza de Estados Unidos, el cual otorga la titulación a los profesores. 
En varios países, las pruebas apuntan al convencimiento cada vez mayor de que las asociaciones de profesores constituyen un componente vital en el éxito del sistema educativo.

Sin embargo, en España no han tenido nunca gran relevancia pública los colegios profesionales de docentes. Existen, pero con una presencia un poco mortecina, aunque me constan los esfuerzos que el Colegio profesional de la Educación (antiguo Colegio Oficial de Licenciados y Doctores en Filosofía y Ciencias) está haciendo por reivindicar ese protagonismo.

Necesitamos una verdadera representación

Vamos a entrar en una etapa de negociación para elaborar un Pacto de Estado para la Educación, porque no podemos esperar más. En él tienen que participar todos los agentes sociales implicados. Espero que el Libro blanco sobre la profesión docente que con mi equipo, y la ayuda de cientos de personas, estoy elaborando colabore a iniciarlo. Por eso, me gustaría que la representación de los docentes fuera más allá de lo meramente laboral, porque las condiciones de trabajo no cubren los contenidos de ese trabajo.

Si los docentes queremos tener una mayor presencia social, debemos convencer a la comunidad de que somos lo que por profesión somos: la conciencia educativa de la sociedad, quienes debemos pensar en lo mejor para nuestros alumnos, en un momento de especial complejidad. Eso, por supuesto, nos exige a los docentes mayor compromiso y exigencia. Luego vendrá, por supuesto, todo lo demás: el diseño de una profesión docente que ahora está poco definida, sin estatuto, dividida entre funcionarios y no funcionarios. La mejora de las condiciones en el aula. La supresión de un indignante sistema de interinos, malo para ellos y malo para los alumnos. El olvido de los niños con necesidades educativas especiales, y muchas cosas más. Los dirigentes de los dos principales partidos han dicho que la próxima legislatura va a ser la legislatura de los docentes. Por si es así, dispongámonos todos a hacer nuestros deberes. Tal vez a la enésima vez, vaya la vencida.

Publicado en El Confidencial

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