Para educar a un niño hace falta una tribu entera

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La escuela necesita la unión de todas las fuerzas sociales, que puede conseguirse con más facilidad a nivel municipal que a niveles más amplios.

La semana pasada prometí hablarles de la ciudad como espacio óptimo para resolver problemas educativos de gran magnitud, como el fracaso escolar, la violencia en las aulas, el vandalismo en las calles, las conductas de riesgo entre adolescentes, el acceso al trabajo de la gente joven, el consumo de alcohol por menores, el consumo abusivo por adultos, las discriminaciones de género o la violencia doméstica. Son problemas culturales, es decir, que afectan a la educación social. Cuando emergen en el debate público, siempre después de algún suceso luctuoso, las miradas se dirigen a la escuela pidiendo una solución, pero la escuela no tiene la potencia suficiente para resolver problemas tan enormes. Necesita la colaboración de todas las fuerzas sociales, y esa cooperación puede conseguirse con más facilidad a nivel municipal que a niveles más amplios.

La tendencia de las nuevas políticas educativas va en ese mismo sentido. Cada vez se habla menos de escuela y más de entornos educativos

 

La educación funciona muy bien en aquellas naciones que tienen un sistema escolar municipalizado. La ciudad es una condensación de recursos humanos, culturales y económicos que, si se invierten bien, pueden dar resultados espectaculares. A ello van dirigidos programas como los elaborados por el Search Institute para conseguir que la ciudad facilite el éxito educativo de sus menores. O las Youth Charters, proyectos de desarrollo positivo de los jóvenes que implican a toda la comunidad. O los programas de la Universidad de Harvard, ‘expanded learning opportunities’ (oportunidades de aprendizaje expandido), que incluyen programas variados de actividades extraescolares y otras actividades que buscan el enriquecimiento educativo de los chicos, relacionados todos ellos con la construcción de redes comunitarias, o el ‘community organizing and school reform project’ (organización comunitaria y proyecto de reforma escolar).

En la Fundación Universidad de Padres hemos elaborado una propuesta para potenciar el papel educador de las ciudades. Es el proyecto Ciudades con talento que presentamos a la Federación Española de Municipios y a varios ayuntamientos españoles sin ningún éxito. Tenemos la convicción de que poniendo en práctica programas con la metodología adecuada, se pueden conseguir en tres años resultados sorprendentes en temas que parece que no tienen solución. Es verdad que los municipios españoles apenas tienen competencias educativas, pero muchos tienen una clara vocación educadora, como demuestra el movimiento de Ciudades educadoras, que se continuó con los proyectos educativos de ciudad que emprendieron algunos municipios, el primero de ellos Barcelona, y que contaron con expertos innovadores como Joan Subirats, Jaume Trilla o Joan Manuel del Pozo.

Sin embargo, como he sostenido en alguno de sus congresos, esa brillante iniciativa no ha tenido el éxito esperado a causa de su dispersión y de la dificultad de evaluar sus resultados. Por eso, Ciudades con talento puede considerarse como la segunda generación de Ciudades educadoras. Se diferencia de esta porque se fija una meta de interés comunitario (por ejemplo, reducir los problemas provocados por el uso imprudente del alcohol), con objetivos concretos a tres años, pero mensurables anualmente, y con planes muy variados para que todo el mundo pueda participar. Son programas que no exigen una inversión económica alta, aunque sí una eficiente organización y una gran energía movilizadora. Estoy seguro de que permitiría resolver graves problemas sociales difíciles de afrontar en niveles más amplios (comunidades autónomas o Estado nacional) y en niveles más pequeños (centros educativos y familias).

La tendencia de las nuevas políticas educativas va en ese mismo sentido. Cada vez se habla menos de escuela y más de “entornos educativos”. No se trata de una moda más, sino de la constatación de que “para educar a un niño, hace falta la tribu entera”. Tradicionalmente, se ha distinguido entre “educación formal” (la escuela), “educación no formal” (familia y otras actividades pedagógicas no estructuradas) y “educación informal” (la ejercida por el ambiente sin pretensión educadora). Todas ellas influyen en nuestros alumnos, y debemos intentar que lo hagan de la mejor manera posible. La situación no es nueva. A mediados del siglo XVIII, Montesquieu escribió en ‘Del espíritu de las leyes’ una frase que describe esta complejidad: “Recibimos tres educaciones distintas, si no contrarias: la de nuestros padres, la de nuestros maestros y la del mundo. Lo que nos dicen en la última da al traste con todas las ideas adquiridas anteriormente”.

Las nuevas tecnologías parecen haber difuminado la relevancia del entorno físico, pero eso no es verdad. La importancia del lugar donde se vive continúa siendo fundamental. Como dice Richard Florida, uno de los grandes expertos en ‘ciudades creativas’, la elección del lugar de residencia es una de las decisiones más importantes en este momento, por las diferentes posibilidades que ofrecen para el progreso personal. Una ciudad con talento es la que ofrece a sus vecinos las máximas oportunidades para su desarrollo personal, profesional o económico.

La ciudad es una condensación de recursos humanos, culturales y económicos que si se invierten bien pueden dar buenos resultados

Volviendo al tema que dio origen a este comentario —el consumo de alcohol—, algunas ciudades españolas han elaborado planes municipales de actuación. Aprovechando la experiencia de otros países, creemos que la metodología mas eficaz es la que tiene en cuenta los factores de protección que ayudan a que nuestros jóvenes tomen mejores decisiones. Son factores que dependen de diversos agentes —la familia, la escuela, la ciudad— y de la colaboración de muchas instituciones (educativas, protección social, sanitarias, culturales, empresariales, políticas, policiales, etc.). Cuando esos factores aumentan, las conductas de riesgo disminuyen espectacularmente. Es una lástima que nuestra procrastinación educativa nos impida aprovechar las posibilidades que tenemos a nuestro alcance. Una vez más, sabemos cómo hacerlo, podríamos hacerlo, pero es dudoso que lo hagamos.

El Confidencial, 10 de enero de 2017

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