Educación e ideología: ¿puede haber la primera sin la segunda?

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En las creaciones humanas hay territorios que deben quedar a salvo de la ideología. ¿Qué es lo que queda dentro? Las metas: el modelo de ciudadano y de sociedad

Dicen que en seis meses vamos a tener un pacto educativo. Ojalá sea así, porque eso permitiría poder empezar a elaborar una ley educativa válida al menos para una generación. En los ‘Papeles para un pacto‘, hemos estudiado los motivos por los que nunca se alcanzó en España, ni siquiera al redactar la Constitución. Se consiguió llegar a un acuerdo precario en el artículo 27, gracias a remitir a leyes ordinarias la resolución de los conflictos pendientes. Ese es el origen del baile legislativo que hemos sufrido. La pregunta importante es: ¿puede haber educación sin ideología? Es un ejemplo más de hasta qué punto necesitamos la filosofía para progresar. Ideología es un término que, a partir de Marx, ha adquirido un significado peyorativo. Se la define como un sistema de creencias que acaba funcionando como ‘discurso de control social’, dogmático, que propone un conjunto de soluciones rígidas para todos los problemas, se inmuniza contra toda evidencia y tiende a implantarse por adoctrinamiento o por impulsos emocionales. Cualquier filosofía o cualquier religión puede convertirse en ideología cuando cumple estas condiciones.

A lo largo de los años, libros como el de Daniel Bell (‘El fin de las ideologías’) o el de González de la Mora (‘El crepúsculo de las ideologías’) hicieron que la negación de las ideologías se interpretara como un rechazo de la política, en favor de un pragmatismo neutral. Los problemas no tendrían solución ideológica, sino técnica. Sin embargo, las técnicas funcionan como las agencias de viaje: diseñan el plan para viajar, pero el cliente tiene que decir a dónde quiere ir.

Prioridades y método

En las creaciones humanas, hay territorios que deben quedar a salvo de la ideología. Uno de ellos es la ciencia. Tiene sus propios sistemas de evaluación. Los intentos de hacer una ciencia políticamente ideologizada fueron muy claros en el sistema soviético. Es bien sabido que Lysenko deshizo la prestigiosa comunidad científica de genetistas rusos por motivos ideológicos. A razones semejantes respondieron también las descalificaciones religiosas de Galileo, Servet o Darwin. Puede dirigirse ideológicamente la aplicación de la ciencia, su agenda de prioridades, pero no el propio método científico.

Podemos apelar a un marco de encuentro, los derechos fundamentales y el rigor crítico. Hay que ver la verdad en la ideología contraria

En educación, sucede lo mismo. Los temas que se pueden evaluar con evidencias están fuera de la pugna ideológica. Las leyes del aprendizaje, la eficacia de los métodos, el resultado de experiencias debidamente analizadas, los conocimientos proporcionados por la neurociencia deben quedar fuera de las ideologías. ¿Qué es lo que queda dentro? Las metas. El modelo de ciudadano que se quiere educar y el modelo de sociedad que se pretende construir.

Aquí es donde las posturas ideológicas aparecen. Para unos, la sociedad ideal solo se logrará favoreciendo el individualismo competitivo; para otros, mediante la acción de un Estado con fines igualitarios. Para unos, la educación debe fortalecer la conciencia nacional; para otros, debe formar ciudadanos del mundo. Para unos, librepensadores laicos; para otros, fieles religiosos. Sin embargo, podemos apelar a un marco de encuentro, que son los derechos fundamentales y el rigor crítico. Para librarse de una ideología, hay que esforzarse en ver y aceptar qué parte de verdad puede haber en la ideología contraria.

(Corbis)
(Corbis)

Pondré un ejemplo. ¿Qué es más importante educativamente, el éxito de los individuos o el éxito de la sociedad? Dicho en términos muy groseros, ¿qué es preferible, tener 10 premios Nobel y 10 millones de analfabetos, o tener 10 millones de personas medianamente educadas y ningún premio Nobel? Desde el punto de vista social, es mejor lo que beneficia al mayor número de personas. Desde un punto de vista individual, lo que beneficia a mi hijo.

Hay que solucionar las tensiones sin suavizar las posturas ni restringir derechos, subiendo de nivel las propuestas

El interés social me impulsará a llevarle a una escuela pública. El interés individual, a la mejor escuela que pueda conseguir. Acantonados en esas lógicas opuestas, podemos pasar siglos sin ponernos de acuerdo. La única solución es intentar soluciones más potentes, que satisfagan todos los derechos legítimos: los de la sociedad y los de los individuos. Conseguir que el éxito de la sociedad favorezca el éxito de los individuos, y que el éxito de los individuos colabore al éxito social.

Modelos enfrentados

Los anteriores intentos de pacto fracasaron porque no se reconoció que en un sistema democrático hay derechos legítimos que pueden entrar en colisión, y que el talento político consiste en no pretender anular ninguno de ellos, sino en crear formas de hacerlos compatibles y solidarios. A lo largo de los años, se han ido consolidando en España dos modelos enfrentados —a los que llamaré ‘progresista’ y ‘conservador’— que se han caricaturizado mutuamente hasta el maniqueísmo, falseándose y haciendo difícil el diálogo para resolver las siguientes tensiones:

  1. Tensión entre calidad y equidad. Aquella se identifica con modelos conservadores, y esta con progresistas.
  2. Tensión entre modelo inclusivo/comprensivo (progresista) y modelo diferenciado (conservador)
  3. Tensión entre las competencias educativas del Estado (progresista) y los derechos de las familias (conservador)
  4. Tensión entre una idea laica de la escuela (progresista) y el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos (conservador).
  5. Tensión entre la gestión social (conservador) y la gestión estatal del sistema educativo (progresista)
  6. Tensión entre el currículo nacional (conservador) y las competencias educativas de las comunidades autónomas (progresista)
  7. Tensión entre el respeto a la autonomía de los centros (conservador) y el control de la Administración (progresista).
  8. Tensión entre la participación democrática en la gestión de los centros educativos (progresista) y la profesionalización de la dirección (conservador).

Esos enfrentamientos son más ideológicos que reales, y sin desmontarlos será difícil avanzar en el pacto. Estoy seguro de que se pueden encontrar formas de solucionar esas tensiones, no mediante una suavización de las posturas, o una restricción de los derechos, que acaba por decepcionar a todos y animar a la revancha, sino subiendo de nivel las propuestas, intentando identificar las reclamaciones legítimas de cada parte, y creando marcos que ayuden a su satisfacción. El talento político debe superar las ideologías.

El Confidencial, 29 de noviembre de 2016

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