Herramientas políticas

(Tiempo)

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Escribo en un ordenador y de repente me asalta una pregunta. ¿Qué tipo de realidad es un ordenador? Es una herramienta extraordinariamente inteligente en dos sentidos. En primer lugar, por la inteligencia –conocimiento, experiencia, talento técnico– que está condensada en ella. En segundo lugar, porque ayuda a actuar inteligentemente. Una herramienta es un artefacto que hace posible actividades que sin él resultarían imposibles. Da igual que sea una simple palanca o el supergigante acelerador de partículas. Amplía nuestras posibilidades. Lo que caracteriza a nuestra especie es haber sido capaz de fabricar utensilios. Esto lo sabe todo el mundo. Pero al hablar de herramientas casi siempre pensamos en las materiales: una azada, un martillo, una llave inglesa. Al hacerlo, olvidamos que las herramientas más importantes son las mentales. Fueron ellas las que expandieron la inteligencia humana. El lenguaje es una gran herramienta. No podemos pensar sin palabras y sin la sabiduría condensada en ellas. El álgebra es otra herramienta y también la notación musical, o los códigos jurídicos, o los conceptos con que interpretamos la realidad. No podríamos vivir ahora si solo tuviéramos útiles prehistóricos, y tampoco si tenemos solo conceptos neolíticos.

Hoy quiero fijarme en una herramienta especialmente importante: las instituciones. Es posible que pronto se plantee un debate constitucional, y por eso conviene recordar que la organización administrativa, las formas de gobierno, los códigos, la Constitución son herramientas políticas, no dogmas de una religión laica. Conceptos como nación o pueblo se inventaron para resolver ciertos problemas. Lo mismo sucedió en el campo científico con conceptos como masa o energía. Todas las herramientas tienen su momento, y pueden ser superadas por otras herramientas más poderosas. En física, la teoría de la relatividad cambió el significado de los conceptos mencionados. Las instituciones atesoran una gran cantidad de conocimiento y experiencia. La única razón para cambiarlas es tener la seguridad de que la nueva herramienta es más poderosa. Nadie a estas alturas tiene que justificar que conviene sustituir la máquina de escribir por el ordenador, pero haber dejado de usarla sin tener un sustituto mejor hubiera sido necedad.

La historia de las constituciones políticas es muy interesante. En la Grecia antigua se encargaban a un experto, como Solón. En el siglo XVIII aparece el constitucionalismo moderno. La Constitución es una herramienta política extraordinariamente eficaz, porque fija las regla del juego. De la misma manera que un  martillo no puede ser de goma, una Constitución no puede ser inestable.

Creo que tratar los grandes conceptos políticos o las más importantes instituciones como herramientas, es decir, como creaciones de la inteligencia humana para resolver problemas y aumentar nuestras posibilidades,  rebaja la pasión e introduce un criterio de racionalidad y pragmatismo cada vez más necesario.

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